La pobreza no puede ser un estigma (pero tampoco un mérito curricular)

Según nuestra la cultura cristiana occidental, el ser pobre no puede descalificarte, menoscabar tus derechos, reducir tu credibilidad y, mucho menos, sugerirte deshonesto. La novela picaresca del Siglo de Oro, sin embargo, está cuajada de ejemplos en los que el pobre se ve abocado a la venta de su virtud para llenar el buche; de mujeres corrientemente honestas que venden su cuerpo para dar de comer a sus hijos; o de amigos de lo ajeno de manos hábiles y reflejos rápidos que se reúnen en patios de Monipodio. Cristo bendijo a los pobres y no sólo a los de espíritu. Al margen de que Cristo me parece más sospechoso que un gitano con prisas de connivencia con el poder explotador, no dijo solamente que los pobres estaban bendecidos por los cielos debido a su desgracia, sino que, de hecho, predicó la pobreza voluntaria, militante. “Regala todo lo que tienes, menos las sandalias y el taparrabos, y sígueme”. Claro que Cristo era Hijo de Dios. Y aunque compareciera pobre, tenía facultades que lo exoneraban de las consecuencias de serlo, como por ejemplo ser capaz de multiplicar panes y peces y convertir agua en vino.

Consecuencia de nuestra cultura cristiana, más pegajosa que un argentino ligando, la izquierda progresista (que es como una horda de cristos bien situados, millonarios algunos), predica la honra y el mérito de la pobreza, le otorga categoría superior a la del común de los mortales que se gana el sustento, sobre todo si es autónomo. Y, de hecho, procura la pobreza igualitaria para todos, enrasando por debajo a la sociedad entera en cuanto puede. A la izquierda parlamentaria le gustan los pobres porque son sus votantes naturales. De modo que confiar en que la izquierda te vaya a sacar de pobre es ser más confiado que un borracho de madrugada. A ver, capullo: No te puede sacar de pobre porque eres un desagradecido que en cuanto pilla un buen empleo y dinero lo que quieres es ser burgués, volverte conservador, comprarte un móvil de última generación y denostar a la misma izquierda que te sacó del arroyo. La izquierda, que tiene buena memoria, más allá de la Histórica, en la que adolece de ostensibles lagunas, sabe que si cumple sus promesas, está perdida. De modo que no solo no saca a los pobres de pobres, sino que hace muchos más pobres, todos los que puede, garantizándose así la reelección. No lo hace por maldad: son cosas del negocio político. Business are business!

Claro que la izquierda a la que me refiero no es una verdadera izquierda, dirán algunos. Les contesto que hablo de toda izquierda que llega al poder y quiere perpetuarse.

El ejemplo más reciente que se me ocurre, dentro de la resaca que llevo, ha sido el advenimiento del híbrido formado por la connivencia del socialismo oportunista del Doctor Sánchez y el heterogéneo podemitismo de comunistas y confluentes –que es en lo que ha quedado Podemos desde su indignada eclosión el 15M hasta su importante minoría en el Congreso actual, otorgadora o negadora de presidencias–, y de los separatistas catalanes y vascos, que tienen menos vergüenza que el gato de una fonda. Rápidamente han incumplido el techo de gasto, aunque saben que eso provocará inflación y joderá el poder adquisitivo de pobres y jubilados. Han inventado nuevos impuestos, por más que conocen que eso repercutirá en el consumo. Han creado un gravamen especial a las transacciones financieras, sin que se paren en que eso implica que los pequeños ahorradores dejarán de invertir en acciones en Bolsa y que los bancos incrementarán sus comisiones para resarcirse del gravamen e incluso ganar más. No hay medida que no acabe por pagar el pueblo llano. Ni una. El sueño de un pueblo consciente de lo que pasa sería que se parase el Legislativo y se fuera de vacaciones pagadas permanentes.

Aquí, en ácratas, se propugna el elevar el nivel de vida de los pobres. Pero no a base de clientelismos y subvenciones. Porque eso crea pobres perpetuos que se acomodan a un nuevo nivel de vida ínfimo, por más que sea viable. Y se convierten en elementos socialmente inactivos, con menos fuerza ideológica que el pedo de un maricón recién enculado. No hay nadie más conservador del statu quo que quien no tiene que dar golpe para vivir, aunque viva de manera precaria: es la cultura de los “lunes al sol”. Esto no es progresismo, sino clientelismo a perpetuidad. Clientelismo como el andaluz, que conduce a la miseria intelectual: Acaba de informar PISA de que los niños andaluces de 10 años tienen el mismo nivel de comprensión lectora que los castellanos de 8. Susana Díaz ha corrido como un rayo a envolverse en la bandera blanquiverde (una amplia, dada su tripaza de tragaldabas) para decir que eso era un insulto a los niños andaluces y a sus maestros. Ni se le ha pasado por su cabezota de Pepona que tuviera que defenderse del hecho de que los socialistas llevaran los 40 años de partitocracia siendo los únicos responsables del sistema educativo andaluz. Claro que decir socialistas responsables es un oxímoron, contradictio in terminis o balbuceo de atolondrado.

En el otro extremo del espectro sociológico, las cosas son de otra manera: Activar la economía no puede ser blindar a los ricos en su riqueza. Y es lo que hace el Régimen siempre, esté en el poder la derecha o la izquierda. ¿Un ejemplo reciente? El mismo Régimen capaz de subvencionar toda pobreza militante, acaba de recular en una sentencia contra los bancos que los obligaba (con efecto retroactivo) a hacerse cargo del impuesto de Actos Jurídicos Documentados al otorgar una hipoteca, en vez de al hipotecado. Y nada menos que quien ha reculado es el mismísimo Tribunal Supremo. Si el Supremo se rila ante la influencia de la Banca, no hay independencia judicial ninguna. Podemos esperarnos cualquier cosa a partir de ahora. Y como acaba de producirse dejándonos ojiplatos, la conclusión no puede ser otra: los ricos viven en las enrarecidas alturas, donde la llama de la Justicia se extingue por falta de oxígeno. Sin poesía: ¡Que están por encima de la Ley, coño!

De modo que este Régimen está ahogándose en sus tremendas contradicciones de extremas izquierda y derecha. ¡Pero es que son contradicciones solamente aparentes! En realidad, todo responde a la misma agenda. La agenda que enunció Margaret Thatcher con esos cojonazos que las mujeres demuestran cuando entran decididamente en el mundo de los hombres y los vapulean sin contemplaciones: “Para que el Reino Unido funcione, el Gobierno debe desentenderse del tercio de su población más pobre”. Y se quedó tan tranquila porque, desde su punto de vista de liberal ultraortodoxa, se sentía con razón.

Eso mismo es lo que pasa aquí y ahora: que el Régimen se desentiende del futuro de sus pobres permitiéndoles sobrevivir a base de subvenciones para que no se subleven jamás y sometiéndolos al peor de los cautiverios, que es la degradación moral e intelectual. De hecho, atrae a cuantos pobres puede, abriendo las fronteras españolas como si fueran chochos-pro ante soldadesca en día de permiso. Los trae y los subvenciona ipso-facto. Los deja pobres para siempre y se garantiza su voto en cuanto tengan derecho a meter en raja de urna. Ya se identifica en Europa a los partidos socialistas como los “partidos de los musulmanes”. Coño, normal. Business are business!

MALDITO HIJO DE PERRA

NOTA. Estoy seguro de que la derechona aprovechará el artículo para sentirse con razón. Y la izquierda, para crucificarme.  

Me suda la polla. Pero voy a soltar una serie de medidas que considero oportunas a esta hora de la tarde. 

1. A tomar por culo las autonomías. Ya. Un solo Parlamento sin Senado. Fuera gastos inútiles. Y al que le pique, que se rasque. De pronto cuadrarán todos los presupuestos. Y seremos más iguales.

2. Gastar el triple, diez veces más, en un sistema educativo que forme hombres valiosos, conscientes de la verdad, de la Ciencia y que aleje a los alumnos de toda superstición religiosa, sea la que sea. Incluyendo las nuevas religiones como el feminismo y el liberalismo ultraortodoxo.

3. Aprobar un sistema electoral donde se vote a personas concretas, decentes, no a partidos putrefactables.

4. Soy republicano, pero me importa un cojón tener un Jefe del Estado profesional experto en protocolo y buena educación, garante de la unidad, siempre que al Ejecutivo lo elija el Pueblo, no el Parlamento.

5. La casta financiera es sospechosa de alta traición siempre. Porque no tiene más patria que el dinero.

6. Para ser político tiene que superarse un nivel mínimo. No digo ser licenciado o ingeniero. Pero hace falta saber lo suficiente para dedicar tu vida a procurar el bien de la población. Si no quieres estudiar, no seas político. Vende lavadoras, hijo de puta.

7. El Cuarto Poder debe ser amplio, variado. No puede estar en mano de duopolios, como en España.

8. Todo nacionalismo es perverso. Pero si lo que pretende es que una porción de ciudadanos de un territorio sean de una casta superior, debe ser ilegal. Y sus líderes deben habitar las cárceles del estado y jugar allí al Estratego.

9. El Banco de España y el Ministerio de Economía son clave. Son otro poder, el económico, que debe ser electo. Porque lo que hace no puede hacerlo bajo mano.

10. España no tiene natalidad suficiente para desarrollarse. La inmigración natural en España debe ser la hispanoamericana. Son descendientes de españoles que vuelven a casa. Dejaos de mierdas racistas y abridles los brazos.

Creerán alguno que he cambiado de forma de pensar. Y no es cierto:

–La República es una gran idea, porque lo es que el pueblo debe ser el único soberano de su destino. La República que no es Constitucional, la República Federal, es una pésima idea.

–El Socialismo es una gran idea, porque lo es la igualdad de oportunidades, que empieza en la educación igual para todos. No una para ricos y otra para pobres. El socialismo proselitista que deforma las mentes de los niños es una pésima idea.

–La fraternidad es una gran idea, porque todos los seres humanos necesitamos ayuda en algún momento de nuestra vida. La inmigración desaforada de musulmanes que se agolpan en guetos es una pésima idea, porque quien no respeta tus valores y quiere acabar con ellos no merece tu ayuda, sino tu rechazo en defensa propia.

–El libre comercio internacional es una gran idea, porque nos permite adquirir cosas que desconocíamos o más baratas. Pero la desindustrialización de tu país, a cambio de mejores precios, es una pésima idea, porque acaba con tu poder adquisitivo y te lleva a la miseria.

–La Libertad es una gran idea, porque las ideas son libres. Pero la libertad de segregación de un territorio por exacerbación de las diferencias es una pésima idea.


Y así pasa con casi todas las grandes ideas. Que vienen los mercaderes y las trocean para venderlas a retales.

 

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