No, nada va bien

Corren malos tiempos. Tiempos de miseria material e intelectual. Tiempos de miedo. Tiempos de censura.

Al poder se le ha caído la careta. Se ve lo que hay detrás de las bambalinas y a los que tiran de los hilos de la caterva de políticos que figuran al frente de la sociedad: Se ve a la banca y su dinero falso, a las multinacionales y su expolio absoluto, se evidencian las guerras extractivas. Y a la etnia dominante y su dios único.

Sin careta, el poder fáctico se ha lanzado al dominio por la fuerza y al control de las personas a través de sus metadatos con una desvergüenza sin límites. Como borregos de rebaño, cada hombre lleva clavada una etiqueta en la oreja que permite identificarlo y ordenar su sacrificio en el momento apropiado. A los que aún no llevan identificación, se les acorrala para marcarlos. Con suspensiones de derechos sin motivo y exigencia de datos físicos, personalidad, ubicación, relaciones. Mientras, la sociedad vulgar, la mayoría sin una sola idea propia, entrega voluntariamente todos sus datos, sus fotos y el control de sus vidas a maleantes como Zuckerberg, otro pájaro de la banda, para que éste los venda o los ceda a sus colegas, y manipule sus vidas. La Humanidad está perdida con estos líderes al timón.

No esperemos nada de la política y sus partidos: las ideologías ya no existen. Ni de las asociaciones sindicales para las que ya no hay clases sociales. Los escándalos políticos se suceden a diario. Cuando un partido se agota, hay ya otro para reemplazarlo y seguir con la fiesta de las mentiras.

Para saber quiénes mandan, hay que observar quiénes no son nunca criticados por los medios. Ahí están, expuestos en negativo, como sombras. No son los políticos, meros juguetes del pimpampúm creados para ser vapuleados y cuyo relevo en el poder se produce mediante el inexorable mecanismo de hacer bueno al electo anterior.

No esperemos nada de la democracia. De la partitocrática, porque no hay otra. La voluntad mayoritaria no existe porque la mayoría no tiene voluntad, no hay voluntad donde no existe criterio. Por indigerible que resulte, la minoría aún capaz de pensar está siendo aplastada por la mayoría que vive inmersa en una ficción social que asumen como real. El régimen del 78 está agotado. El bipartidismo con bisagra nacionalista ya no existe, ha sido sustituido por un provisional caos(*). Lo que traiga el poder como recambio será una versión aún peor de lo que hay. Con menos libertades, pero con muchos lugares donde mostrar acatamiento o ser marcados como piezas de caza.

En España, no se puede disentir fuera de ámbitos estériles, diseñados para despotricar sin consecuencias. En el resto de campos se legisla incluso para impedir no ya la crítica, sino hasta la legítima duda. El siglo nos conduce hacia una infrahumanidad altamente tecnificada incapaz de resistirse a su jodido destino.

No, nada va bien.

ÁCRATAS

(*) España va muy mal. Sin entrar en detalles, las cifras macro son todas falsas. El PP no controla nada. Sigue órdenes de la Sinarquía Financiera Internacional y endeuda a España a todo meter. Rajoy se va a cargar las pensiones antes de irse. Y el sucesor, Albert Rivera, no las va a arreglar. Sobran administraciones. La autonómica, sin duda. pero el futuro no es la racionalidad, sino el federalismo. Tranquilos. No es más que una palabra. España es, desde 1978, un estado federal de facto

Este diario vaticinó en 2006 que la crisis sería gravísima –como la de 1929– y que persistiría hasta 2025. ¡Cómo lamentamos estar acertando! Porque vamos a vivir tiempos realmente horribles. 

Con salud, eso sí.

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