El circo español y sus territorios autocómicos

«Hola Don Pepito, hola Don José.«
Los políticos nos divierten. No quiero decir que sean graciosos como los hermanos Tonetti, aunque los tortazos se oyen más fuertes que el bombo de Manolo. Lo que digo es que dirigen nuestra atención a otra parte para dividir y debilitar nuestras fuerzas. A ver si usáis más el diccionario de la RAE, que es esa especie de ladrillo verde oliva que tenéis en el estante debajo del altavoz del surráun.

Tanto el catalanismo independentista como el unionismo español nos divierten:

–Es evidente que están intentando dividirnos. Cataluña es el más claro ejemplo. Un territorio autocómico donde han viviseccionado al pueblo por mitades casi iguales. En mi barrio las banderas abundan. De uno y otro pelaje. También he puesto yo una, pero es la enseña pirata. Mis vecinos me miran raro, pero me siguen saludando desde las dos hinchadas. La piratería está bien vista.

–También nos debilitan. Ahora gastamos nuestras fuerzas en discutir con nuestros semejantes, a veces con nuestros propios familiares, sobre cuestiones que ayer nos importaban un panchito. ¿La independencia? Mi hija, por ejemplo, dice que es republicana. Pero, como es madre de un niño pequeño, es simplemente conservadora. Cigarrea sobre si las cargas de la policía han sido esto o aquello, pero no me deja claro si su quimera republicana es unionista, federalista o catalanista. Mi nieto no me da problemas porque prefiere ser pirata como yo, aunque lo que piensa de verdad es en llevarse la bandera que tengo colgada en el mástil del jardín.

En estos momentos en los que la diversión nos pone en peligro, lo importante es recordar dónde estábamos antes de que la casta política empezara con su circo mediático de tres pistas. Joder, es lo mismo que cuando cogemos una cogorza hasta caernos redondos: al despertar hay que recordar dónde estamos,  quiénes somos y dónde están nuestros pantalones.

Aún recuerdo en qué andábamos hace un par de años: Pidiendo justicia, luchando activamente. Empujando a meter en la cárcel a los ladrones institucionales (casualmente, a los chorizos del PP y del PdeCat/CiU, ahora sindicatos de payasos); exigiendo medidas de protección a los desvalidos con leyes contra los desahucios, contra la pobreza energética, contra los recortes de derechos sociales, contra el nepotismo, contra las tasas excesivas, contra los cierres empresariales y las deslocalizaciones y contra la banca expoliadora (casualmente, CaixaBank y Sabadell son bancos heroicos para los incautos precisamente por deslocalizarse, manda güebos).

Las CUP se han mudado de camisa. Parece buena cosa, dicen que a Anna Gabriel le cantan los rincones corporales. No me lo creo, no es la misma camiseta. Es que tiene muchas iguales. La chica desorganiza el lenguaje y feminiza el género de sustantivos, adjetivos y pronombres, pero eso no quita para que sea una joven limpia y sana como sus perfectos dientes. Hasta ahora, las CUP eran activistas de la autogestión ciudadana para lograr metas sociales. De pronto, han dejado todo eso a un lado para colaborar con la derecha catalana, investir a un presidente liante que miente más que un cura en un burdel, y aprobar presupuestos cuajados de recortes. Lo mismo han hecho las confluencias de Podemos, ejemplarizadas en Cataluña por Ada Colau. Otra mamá que se ha vuelto conservadora y abandona a las clases humildes –ha prohibido que circulen por el área metropolitana automóviles particulares de más de 20 años, aunque pasen el control de humos de la ITV–. Menudo despiste.

 
También andan perdidas las clases medias anticatalanas de Barcelona. No piensan en recuperar la maltrecha economía, sino en aplicar
a la Generalitat el artículo 155 de la Constitución para afianzar la segunda restauración borbónica. Vaya postmodernos. Son la horda de los titulados culturalmente anti-catalanes, empresarios, abogados, profesores, economistas, ingenieros, intelectuales y artistas que inventaron en su día el partido de los Ciudadanos.

Lo que Ciudadanos y PSC quieren conseguir es que la denominada mayoría silenciosa catalana, los cuatro millones de personas que constituyen la chusmaka ineducada que vive en el área metropolitana de Barcelona, divierta también su atención sobre lo que le resulta vital para la supervivencia de sus familias, que es trabajar, aunque sea indignamente, para pagarse la manutención y un techo con los servicios básicos. Y, mira tú por dónde, eso de divertir al poso social les está siendo difícil. Los oráculos de bolaplástico claman que despertaron en la manifestación  unionista del 8 de octubre. Y la Generalitat se parte la caja de risa,  porque sabe que la mayoría silenciosa no va nunca a manifestaciones festivas. Que lo que le pone es llegar a fin de mes. Le importa huevo y medio cuál sea la forma del Estado, monarquía, república o dictadura cesarista, amansada por el desempleo y las deudas. Sólo le interesan los garbanzos y el fútbol. 

Porque el pensamiento político de las clases pauperizadas no es de salón de té con pastas. Callan y van a la suya. Y así seguirán hasta el día en que hayan que actuar empujados por alguna gravísima circunstancia inevitable. Ese día, los dragones de la Kalisi van a parecer tres salamandras que se caen del tejado. Y entonces, junto a la casta política de todos los partidos, el PSC y Ciudadanos los traicionarán y exigirán cargar contra ellos a guardias civiles, policías y mossos de esquadra. Esta vez juntos, porra con porra, más amigos que cochinos.

Resumo, que hoy tengo una gratificante visita y aún no me he cortado las uñas de los pies. No esperemos a la Izquierda de la Casta. Está en el circo, jaleando a los payasos para que se den las tortas falsas más fuertes. Las CUP pasan de nosotros, igual que Podemos, los socialistas y, no digamos ya, las derechas de toda la península Ibérica.

La respuesta ácrata es y debe ser seguir luchando por nuestras propias metas políticas y sociales: El asunto de la independencia nos la rechifla, nos mete menos miedo que una calabaza de Halloween. Nosotros a lo nuestro, autogestión y lucha donde sea posible, en el municipio, en la comunidad autónoma, en España o en la Península Ibérica. Por la República Constitucional preconizada por Trevijano, ¡que es y debe ser asamblearia, os lo recuerdo!, que debemos impulsarla hasta el extremo de:

— que las asambleas de control de cada diputado, electo en el ámbito de cada circunscripción uninominal de España, sean verdaderamente democráticas, controlen con lealtad el comportamiento del electo y tengan competencias para cesarlo en cualquier momento,

— que al presidente del Ejecutivo tenga nulas competencias legislativas y reglamentarias, y sea elegido por todos los mayores de edad en circunscripción única nacional, a doble vuelta

— que las asambleas municipales estén en permanente actividad, siempre vigilantes para evitar que el diputado venda su voto, se corrompa o se ponga al servicio de una ideología de partido en vez de al del mandato imperativo de quienes lo han elegido.


Recordemos que la República Constitucional asamblearia tiene muchas ventajas respecto al resto de propuestas políticas. La más importante es que no hace falta imponerla mediante un pacto global para iniciar su singladura. Basta con que se ponga en marcha en nuestro propio municipio. Así empezaron las CUP antes de perder el norte bajo los efectos del imán secesionista filo-nazi de Junts pel Sí.

¡Esto sí que es recuperar el seny, el sentido común! Volver a los orígenes. Despreciar olímpicamente lo que es un problema inventado por las derechas de esta España casposa que huele a polla-huevo franquista y a moho carlista revenido.

Salud.

MALDITO HIJO DE PERRA

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