Estacazo al corazón PP, la soberbia como seña de identidad

El PP está muerto. Pero, como al Conde Drácula, hay que rematarlo con una estaca de madera en el corazón para estar seguros, y que nuestros hijos no tengan que rellenarse sus partes de dientes de ajo para salir a la calle. Pongámonos todos a ello, no vaya a revivir y nos joda cuatro años más, que todo es posible en este país de hijos de puta, cagones, miedosos y rastreros come pollas.

Noticias de Génova, «13 rue del Percebe», nos filtran que el PP asume el desastre en las elecciones generales del 20 de diciembre, con una bajada mínima de 60 diputados. Aunque se temen resultados aún peores, que es lo que esperamos casi todos los españoles de bien. No así los fundamentalistas católicos –los curas, las monjas y los numerarios del Opus votan–, no una buena parte de los funcionarios que viven como dios relativamente; no muchos jubilados, que sobreviven con sus pensiones mientras se ríen de los autónomos que sufren infartos; no los rentistas que recortan cupones de sus bonos y acciones y quieren seguir haciéndolo, no importa a costa de qué: de que este engendro que se denomina España sobreviva o fallezca, que le den por culo, que ‘lo que somos es europeos’. El votante ideal del PP es, por lo tanto, un funcionario de misa semanal, jubilado, con piso propio pagado y unos 150.000 euros en acciones –no en preferentes y otras estafas de bancos y arriagas. El votante del PP es un miembro de la derecha sociológica que votaría a Francisco Franco si se presentara a las elecciones del 20D, aunque preferiría que el general tomara el poder otra vez a tiro limpio, y se hiciera cargo de garzones e iglesiones al viejo estilo del paredón desportillado.

El PP tiene hoy una comodísima mayoría absoluta de 186 diputados (PP en estado puro + coaliciones peperas) que le ha permitido hacer y deshacer a su antojo en este país, que ya, más que un país, es una explotación ganadera lanar. Y lo que han perpetrado ha sido la destrucción de los fundamentos de la sociedad, el enfrentamiento de clases, despeñando el índice de Gini (que mide la desigualdad, ignorantes) a las alturas del de EEUU. Y claro, ha regurgitado el embrión de nuevos partidos de corte pseudo-revolucionario con tinte marxistoide/monárquico. Por eso, el Poder Económico –banca, nobleza, alta burguesía, milicia y clero– está apoyando descaradamente una alternativa de centro (no populista; o sea, de derechas, hablemos claro) como es Ciutadans/Ciudadanos/Citizens/Citoyens, que experimenta el crecimiento más asombroso visto jamás en un partido que nació como autonómico, oposición al fachismo nacionalista imperante en Cataluña, creación de un cómico llamado Albert Boadella. Poca broma, que dicen los catalanes cuando quieren significar que te tomes algo en serio.

El primer problema que se plantea el PP ahora mismo no es otro que confeccionar las listas electorales tan ademocráticamente como pueda, agradeciendo favores y tapando bocas de chivato, que si todos los aspirantes a un barcenazo hablasen de golpe, iban a faltar micrófonos en España. La realidad: A partir del diputado 100, el sillón no es seguro. Sobre todo en ciudades populosas, donde el dúo dinámico Ciudadanos/Podemos va a hacer leña tanto del PP como del PSOE y la va a echar a arder como a falla valenciana.

En España la ley electoral es la que es. Mala con cojones. Todo dios sabe que soy republicano desde el hocico hasta la punta del rabo, pasando por la del capullo, morado para más señas. Así que mi crítica será considerada y muy moderada esta vez, para que no se me note:

-malo es que tengamos un jefe del estado menos electo que un cáncer de colon y tan poco decorativo que un poste de teléfonos en un belén, un mangas más tonto que su padre, que ya es decir, con una consorte plebeya de dudosísima reputación –abortos, amantes…–;

-malo es que al presidente del gobierno lo elijan, en un remedo de segunda vuelta electoral, no los electores que hacen de cuerpo, sino los representantes de ese cuerpo salidos de unas listas confeccionadas como premios a la servidumbre, menos democráticamente que la ropa de Zara de Pakistán;

-malo es todo eso, pero lo malo de verdad es que el voto en las ciudades valga mucho menos que en el campo (un diputado cuesta en Soria 48.000 votos y en Madrid, 188.000), saltándose la regla democrática básica de un ojete, un voto.

Si, por lo menos, la investidura del presidente del gobierno se votase con la fuerza en las urnas de cada partido… pero no, eso no le gusta al Poder porque tiene demasiada lógica, no vayamos a acostumbrarnos los españoles a la lógica y montemos un asalto a la Bastilla, que se cae de la mata de puro lógico. Y así lo veríamos todos si tuviéramos unas cuantas neuronas conectadas entre sí y éstas, a su vez, a las pelotas.

Con estos mimbres, la innovación política, que nace forzosamente en las ciudades, es más lenta que las balas de Mátrix.

El PP es un partido acabado desde todos los puntos de vista desde los que pueda analizárselo en un mundo remotamente democrático. Señalo someramente, a continuación, sus deficiencias más evidentes, las que a nadie se le escapan, que son:

-su completo desconocimiento de la ciencia económica,

-su corrupción, paradigma de todas las corrupciones,

-su insensibilidad social,

-su ineficacia,

-su injusticia redistributiva (tax rulings secretas)

-su servidumbre a la usura internacional,

-su uso de las puertas giratorias,

-su desprecio por la población española,

-su desmigamiento del estado del bienestar,

-su represión social (Ley Mordaza),

-su militarismo atlantista digno de la Bombardera de Trípoli (la malaputa de la Chacón),

-su utilización de los poderes del estado, de los jueces, como si fueran peones de su cortijo, y

-su ostentosa sumisión a lo peor de la Iglesia, que es el nefasto y criminal Opus Dei.

Todas estas penosísimas deficiencias se destilan en una sola: los cargazos del PP adolecen de una soberbia en grado superlativo, consecuencia de enseñanzas en colegios marianistas, jesuitas y del Opus, soberbia que exudan cada vez que se sueltan un poco o se ponen nerviosos.

Acratas.net me ha encargado –a cambio de una contraprestación económica de cero euros, que es diez veces más de lo que me ha venido pagando hasta ahora– algunos artículos en los que desmenuce estos aspectos antes del 20D. Lo hago muy gustoso, a pesar de las arcadas que me produce, que combato con whisky de Tennessee y cerveza doble malta. Pero mira, si puedo conseguir que el PP tenga un diputado menos el 20D, me daré por satisfecho, siempre y cuando ese puto diputado no se vaya al PSOE. ¡Qué digo!, tiro de la manta aun a riesgo de constiparme: me vale con que uno de ellos sea manco. Con eso y con que la Mariana se vaya a su puta casa y pase a la Historia como el peor presidente que ha habido en España, quitándole el título al mismísimo Zapatero.

Y, coño, sin querer, he dicho la única cosa presentable, si no decente, que tiene Mariano Rajoy Brey: que es maricón de culo, que lo han sacado del armario varias veces ya (la mala bestia del Losantos lo llama abiertamente Maricomplejines y Alfonso Guerra, lo calificó de “mariposón”, sabiendo bien lo que se decía). Mariano es un pusilánime y un acomplejado, verdadera causa por la que Josemari Aznar lo designó sucesor, para manejarlo como a una marioneta. Maricón, sí. Increíble coincidencia en un tío que se llama Mari-Ano, ya lo sé. Sin embargo, vaya a su favor, se negó a firmar una iniciativa en el Congreso contra el matrimonio gay. Y no hay más que ver la cara de mal follada que tiene su mujer, a la que siempre se ha fertilizado artificialmente en la clínica Dexeus de Barcelona, para que esté todo más claro que una mañana de agosto en las Azores. Pero bueno, dejemos de lado el agujero del culo de Mariano, que el resto del PP echa mucha más peste, más peste que una caja de sardinas tirada en un contenedor tres semanas. Me quedo corto: las gaviotas peperas llevan pudriéndose mucho más que las sardinas, desde los tiempos de Manolo Fraga Iribarne. Don Manuel fue el mentor de Mariano, por cierto, y lo obligó a casarse para acallar ciertos bien cimentados rumores.

En fin, se acabó hablar bien del PP, así que, en vez de mencionar que la Cospedal aún tiene un polvo culero, diré que durante su presidencia en Castilla La Mancha hubo más manchas que en los calzoncillos de un seminarista.

Pero tiempo habrá para sacarlas a orearse al sol.

MHdP

Siguiente capítulo: «La corrupción».

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