¿Qué derechos humanos en un Mundo Unipolar?

Un análisis serio merece el papel que auto-asume Estados Unidos en el mundo, que es servir de matón mamporrero del imperio Anglo-Sionista. Tras la caída de la URSS, el objetivo de la unipolaridad en el mundo no es, por cierto, que los norteamericanos vivan mejor. Porque en norteamérica mucha gente vive muy mal. Hay estados arruinados, ciudades fantasma, decenas de millones de indigentes.

Como acaba de manifestar el presidente Putin, Estados Unidos ha orquestado la crisis de Ucrania y sigue tirando de los hilos de la guerra civil en curso. Han tomado un país en paz y, so pretexto de unas protestas de gente que quería mejorar su nivel de vida, han propiciado un golpe de estado de extrema derecha (no parece que tengan mucho de nacional-socialistas) y se han acogido a la protección del Fondo Monetario Internacional, cuya consecuencia ha sido la bajada de pensiones y una austeridad nunca vista que conduce a Ucrania a la ruina de sus habitantes, al hambre y a la miseria absolutas. ¡Es tan patético no ver quién dirige el teatro de marionetas! ¿Quién gana en todo esto? Evidentemente, es la banca internacional con sede social en Estados Unidos, pero no los propios Estados Unidos, considerados como conjunto de personas.

Si se analizan las vulneraciones de derechos en la actualidad con verosimilitud, desde el caso más grave (la crisis ucraniana tan tergiversada por los media occidentales) al más pequeño (la remoción de su cargo del juez Elpidio Silva) siempre están las élites financieras detrás. La banca, un conglomerado multinacional que no representa al pueblo, que no representa ni siquiera al conjunto de sus ahorradores, a los que está robando impunemente con preferentes, productos financieros colaterales y otros instrumentos de ingeniería de la estafa. ¿Qué es entonces “la Banca”? Pues evidentemente una sinarquía o un conjunto de personas que constituyen una élite internacional capaz de orquestar crisis y ordenar a los propios Estados Unidos lo que tiene que hacer en cada caso. Pareciera que eso exige un Gobierno Mundial en la Sombra, pero ni siquiera eso es imprescindible. Pues basta con que los principios por los que se guía esa élite sean reconocidos e inamovibles para todos ellos para que, con una mínima coordinación, actúen siempre en la dirección acertada para sus intereses globales.

¿Qué principios son esos? El egoísmo, la avaricia, la búsqueda del beneficio sin pararse en sus consecuencias para el resto de los seres vivos… Eso sólo es posible cuando se consideran meras bestias a los humanos que pagan las consecuencias. Cuando se ve a hombres, mujeres y niños igual que un empresario cárnico considera a sus piaras de cerdos: Nunca se pregunta cosas que considera absurdas, como “¿es lícito ganar dinero a costa de sacrificar las vidas de estos cerdos?” Es lo mismo que nunca se plantea un Rothschild en Londres cuando, gracias a los muertos del reciente genocidio de Odesa, ha comprado baratas cientos de miles de acciones de Gazprom, que habían caído como consecuencia de la incipiente guerra civil en Ucrania. La vida de un ser humano, para ellos (como para las aseguradoras, que también son suyas) tiene un valor en dólares. Un ser humano muerto les representa beneficios. Y que no piensen los humanos de etnia judía que, bajo la protección de su dios Yahweh, están excluidos como sujetos del negocio de la matanza. Sión jamás ha puesto reparos a pactar utilizándolos como moneda de cambio cárnica. Recordemos el Acuerdo de Haavara, con Hitler, para empujar a los judíos hacia Palestina o el actual acuerdo de Israel con el gobierno racista de extrema derecha de Kiev, con el mismo objetivo, pues Israel tiene sólo 8 millones de habitantes y está rodeado de 300 millones de enemigos.

Lo que hay que preguntarse también es qué quieren decir los norteamericanos cuando, títeres de su ventrílocuo sionista, exigen libertad y democracia en el mundo; qué están pidiendo de verdad. Lo que quieren es un tipo de democracia que consagre la libertad de los que se creen amos del mundo para anteponer sus intereses personales a cualquier otra consideración, incluyendo la del bien común. Rothschild quiere esa libertad elevada a su máximo exponente, que a él o a sus intereses no les afecte ninguna clase de otra libertad humana contrapuesta: ni la de expresión, ni la de creencia, ni la de vivir dignamente, ni la de vivir sin miedo (las cuatro libertades del discurso de Roosevelt, por ejemplo). Observemos que esas cuatro libertades están amenazadas actualmente en todo el mundo, incluso en el occidental. Este mismo diario está sometido a amenazas de esas cuatro libertades continuamente a causa de la ley restrictiva española, cuando habla de la casta criminal de los banqueros internacionales sionistas, que no puede declararse activista del anarquismo, que debe trabajar sin recibir nada a cambio, en la ruina permanente, que debe afrontar cada día el miedo a las represalias incluso penales. ¡Y vivimos en España, que es el culo del mundo occidental! Imagina cómo deben de sentirse los familiares nigerianos de las 200 niñas secuestradas “por una milicia islamista” que deben confiar en las informaciones de la NSA de los EEUU para que les devuelvan a sus hijas sanas y salvas.

Pero dejémonos de discursos del manipulador Roosevelt y veamos como los manipula la ONU. Los derechos fundamentales se engloban, según las Naciones Unidas, en seis categorías:

-dignidad
-libertad
-igualdad
-solidaridad
-ciudadanía
-justicia

Para un pobre desgraciado del mundo significan:

-estar vivo y no ser esclavo
-follar bajo techo, pensar en silencio, creer íntimamente lo que quiera, expresar lo admitido, ver la tele, y votar a un partido o sindicato
-ir a la cárcel al menor descuido sin discriminación por motivos de sexo, raza, religión o ideología
-condiciones de trabajo justas, justitas, justitas
-pertenecer a un estado
-presunción de culpabilidad, que te hará sentir hasta el más elemental funcionario de Hacienda o de la policía

Para un miembro de la élite sionista significan:

-no ser responsable de la vida de sus esclavos
-ser invulnerable e inaccesible en su vida privada o exhibirse sin decoro, como Paris Hilton o Madonna
-ocultar sus violaciones de los derechos humanos tras los mandamientos de la religión hebraica, musulmana o cristiana
-recibir compensaciones de los estados por decenas de motivos sobre los que está prohibido investigar, como el de ser demasiado grande para caer o el Holocausto
-la nacionalidad que garantice la impunidad, como la norteamericana; o la doble nacionalidad: israelí, que es la real, y la del estado huésped al que parasitan
-derecho a estar por encima de la ley, eligiendo a los jueces o retirándoles de la carrera judicial si no se someten a sus caprichos (Gómez de Liaño, Garzón, Silva)

Estos son los derechos humanos, así de flexibles.

Nosotros, los ácratas (no me gusta ser calificado como anarquista, sino como ácrata, que tiene mucha más categoría intelectual) que vivimos dentro de un tonel, que no tenemos nada ni ningún interés por poseer nada material, somos los únicos seres humanos no sionistas que ejercemos nuestros derechos humanos fundamentales impunemente, porque no entramos en conflicto de intereses con la chusma financiera: nunca les pedimos nada y nada les debemos.

Para los intocables, los derechos humanos fundamentales son así:

-mantener nuestra dignidad por encima de todas las cosas y negarnos a ser esclavos de nadie a cambio de ninguna cosa, sea dinero o ventajas
-observar un comportamiento libre de cadenas intelectuales y materiales
-considerar a todo otro ser humano nuestro igual en derechos y libertad, aunque esté ciego por el humo de los medios desinformadores internacionales sionistas o sea un cerdo sionista forrado de millones: es nuestro igual, nunca un ser superior; y, por lo tanto, culpable de todos sus delitos, igual que lo seríamos nosotros si hubiéramos cometido esas abominaciones
-solidarizarnos con todo ser humano cuyos derechos fundamentales hayan sido vulnerados y ayudarlo en la medida de lo posible, principalmente haciéndole ver las causas de su caída en desgracia
-considerarnos ciudadanos del planeta Tierra, sin que ello signifique renunciar a toda asociación voluntaria con nuestros convecinos: cuando sea necesario para sobrevivir, seremos españoles; cuando ya no lo sea, seremos individuos libres
-jamás asumiremos la injusticia para con nadie y nunca toleraremos que se cometa una injusticia con nosotros y nuestros allegados. Toda injusticia debe restituirse por el procedimiento que sea necesario. La injusticia permanente es intolerable.

Los sionistas nos leen, nos siguen, nos espían permanentemente, pues suponemos un peligro para ellos. Los ácratas tenemos acceso a su talón de Aquiles precisamente porque no dependemos materialmente de ellos. Pero aún somos más peligrosos de lo que el Imperio adormecido imagina, apoltronado por la buena vida, los lujos, el dinero y las putas. Pues somos divulgadores del antídoto a la enfermedad sionista que asuela el planeta, somos portadores de la pócima de Fierabrás, del Santo Grial que es la Verdad. La Verdad que, en cuanto se escucha una sola vez, se abre paso en las mentes, las desempaña y hace ver el mundo desde otra cosmovisión, bañado por una nueva luz, tras pulverizar las gafas oscuras y distorsionadoras de la realidad que suponen los millones de mentiras oídas a lo largo de toda la vida.

Y así nos va. Somos más felices que el resto de los seres humanos, incluyendo a los creyentes en muletillas religiosas monoteístas.

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