¿Y el Nacional-Comunismo?

El único enemigo del Internacionalismo Financiero o «global» es el patriotismo. Ya veis qué fácil. Y no hace falta que sea un patriotismo de cartucho dinamitero ni de aguilucho, yugos y flechas. Basta con un patriotismo sencillo, cálido, casi tribal.

Cualquier banquero lo sabe: un patriota es un peligro para sus negocios, que consisten en esquilmar un país y llevarse su rapiña al extranjero, a algún paraíso fiscal, lejos de las ansias recaudadoras de los estados(*). Por eso, los grandes genios de la usura, los Rothschild por ejemplo, residen en Londres, ciudad refugio con su estatuto especial que permite fumarse un puro con las leyes más elementales.

Los patriotas de todo país con estado propio, como es el caso de España (no de Cataluña ni del País Vasco) son siempre criticados y, a la menor oportunidad, tachados de fascistas. Es algo impepinable, bien lo sabéis. En el fondo, el trabajo de demolición de todo sentimiento nacional español ha sido tan eficaz y ha persistido durante tantos años, que cualquiera de nosotros reacciona negativamente, en principio, ante cualquiera que se jacta de ser patriota. Es lo común, y no está mal, en principio, ya digo. Porque el verdadero patriota no suele jactarse de serlo, igual que el enamorado de una mujer no se lo va contando a todo el mundo. Por cierto, tampoco luce esvásticas tatuadas en el pecho ni va rapado al cero. Esos no son patriotas, sino colaboradores de la policía cuya función es reventar manifestaciones populares por causas justas.

Pero una cosa es no exhibir el patriotismo y otra muy diferente, negarlo. Es una tontería negarlo. A mí no me gusta demasiado el fútbol, lo veo un deporte poco equilibrado de todo piernas y pocos brazos; pero, cuando la Selección Nacional Española de Fútbol ganó la Copa del Mundo, en el corazón sentí cierto calorcillo tintado de orgullo (aparte de mucha incredulidad, para qué voy a negarlo). ¿Por qué tal sentimiento infantil? Pues por lo mismo que un niño prefiere a su madre a otra mujer cualquiera, aunque sea más joven, con las tetas más grandes y más guapa (y me refiero a un niño, no a un jovencito, que entonces el ejemplo no vale). De modo que parece que el patriotismo tiene raíces profundas en el alma humana. No es solo cosa de peligrosos nazis y negros fascistas, al menos.

Y bien, veamos entonces. El patriotismo existe. Pero ¿es algo útil, el patriotismo? ¿Sirve para algo? Con o sin patriotismo, todos nosotros somos españoles para lo malo, que es pagar impuestos, ser esquilmados por los bancos y las multinacionales y despreciados por toda Europa; tenemos carné de identidad y algunos incluso pasaporte españoles. ¿Tendrá el patriotismo alguna cosa buena? Ha de tenerla o los banqueros de la sinarquía financiera internacional no odiarían tanto el patriotismo, que se les antoja peligroso y condenable. Claro que los grandes banqueros no pertenecen a más nación que Moneylandia. Pero ante un patriota se cagan por la pata abajo. De hecho, invierten grandes fortunas en enfrentar a patriotas de diferentes naciones en crueles guerras o alientan patriotismos incipientes basados en las menores diferencias entre nacionales de cualquier país: “tú hablas valón y yo flamenco”, “tú eres rubio y yo moreno”, “tú eres funcionario y yo soy obrero en paro”, etcétera.

Sin embargo, en cuanto aparece una causa que todos los nacionales consideran común, como es un campeonato de fútbol internacional, el patriotismo aparece y nos une, en vez de separarnos… Entonces hay que preguntarse: ¿Y si hubiera alguna otra causa que nos uniera tanto como un campeonato de fútbol? ¿Por qué no la hay? La respuesta a esta pregunta crucial es que el fútbol tiene reglas sencillas y resulta evidente cuando alguien no las cumple, y el que no las cumple es castigado de común acuerdo entre todos: “Falta en el área, penalti, lo siento”, dice el referí, soplando su pito. Y todos lo aceptan. En cambio, en cosas mucho más importantes que una copa, como por ejemplo la subsistencia de millones de familias españolas, esto no sucede, ‘ y eso que nos afecta a todos, pues en España no queda familia que no tenga alguno de sus miembros en paro.

Para que algo tan espontáneo como el patriotismo no aflore de ninguna manera, es para lo que existen los políticos y las ideologías partidarias, todas falsas como oro chino. Los partidos políticos tienen como función primordial separar y descomponer un país. Ninguna otra cosa, por más que se diga lo contrario. No me hagáis caso a mí. Simplemente observadlos detenida e imparcialmente. Y les veréis discutir por nimiedades, pero ponerse de acuerdo rápidamente en los asuntos importantes, que son los que interesan a los banqueros y a los ejecutivos internacionales que les pagan por estar ahí, exponiendo la jeta al público para defender sus asuntos particulares. Y discuten izquierdas y derechas por cuestiones como si es lícito abortar un feto deforme (cosa que se hará siempre, llueva, truene o relampaguee), pero se ponen de acuerdo como cómplices en cambiar la constitución para que el pago de préstamos internacionales, que han contraído en nuestro nombre para regalárselo a los bancos, principal e intereses compuestos, prevalezca sobre la sanidad o las pensiones de los españoles.

Desde mi punto de vista, ha llegado la hora del nacionalismo español. Aunque solo sea por lo mucho que molesta a nuestros enemigos comunes, que son los bancos globalistas y las corporaciones internacionales. Avivemos su temor, que es simple, lisa y llanamente, el temor a ser justamente expropiados por la Nación Española.

Lo que hace falta en España es, por lo tanto, crear un partido anti-partidos cuyos objetivos primordiales sean los intereses de España y de los españoles. Y no puede ser un partido de derechas (eso es imposible, porque a las derechas la suerte de la gente le importa un carajo), sino igualitario. Y quiero decir con eso claramente que haga prevalecer la igualdad sobre la «libertad burguesa», que solo significa libertad de explotar y robar a tus semejantes. Hace falta algo así como el Partido Nacional Comunista de España con un programa tan claro y fulminante como:

-Moneda nacional no cambiable en los mercados financieros, la Peseta precisamente, y no otra.
–Nacionalización de Servicios Básicos, agua, luz, gas y combustibles.
—Nacionalización de empresas estratégicas: industria pesada, minería, altos hornos y constructoras.
—-Reparto de tierras y creación de cooperativas agrícolas.
—–Servicio militar obligatorio y tenencia de armas por parte del pueblo para defender a la Patria.
——Prohibición de usura y tenencia de oro y plata como inversión por acaparamiento.
——Igualdad absoluta entre los españoles: de oportunidades y empleo.
—–Prohibida la explotación. La empresa debe ser cooperativa o dirigida por autónomos.
—-Enseñanza completamente estatal.
—Supresión de las autonomías y los nacionalismos diferentes del Español.
–Separación de toda clase de religiones del Estado. La religión es una superchería para viejas.
-Cierre de fronteras a la inmigración. Cada uno debe resolver sus problemas en su país de origen.

Y cuyo eslogan sea: «¡Viva el Comunismo Nacionalista Revolucionario!» Y cuya Ley incluya la pena de fusilamiento para los traidores y los que sean descubiertos tomando dinero de los norteamericanos y de sus socios anglo-sionistas para organizar «primaveras naranjas» o mierdas semejantes. Quien traiciona a la Patria Española o a la Nación Española (que es el conjunto de los españoles y sus intereses) muere ante un pelotón de fusilamiento, con la espalda contra un paredón.

Venga, venga: Hurgad en vuestros viejos gabanes de los ochenta, y a lo mejor lo encontráis, el patriotismo, seco ya como una mojama. Lavadlo, secadlo y planchadlo. Os va a hacer buena falta.

PARTIDO NACIONAL COMUNISTA DE ESPAÑA
(O sea: lo contrario del PPSOE y sus almorranas, CiU, PNV y UPD)

(1) De todos los estados, entiéndaseme bien; no solo de este triste despojo que es España, sino también lejos de los magníficos Estados Unidos de Norteamérica

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