La República Popular China es el objetivo

Los norteamericanos, dirigidos por el sionismo askenazí hollywoodiano, están tratando de divertir a su público no solo en Oriente Medio, sino también en el Extremo Oriente, en Asia continental. Su temor a que China adopte el papel que inexorablemente le corresponde en el mundo por su demografía, su potencia industrial y su planificación centralizada, viene derivando en agresiones cada vez peor disimuladas al gigante oriental.

El show empezó metiendo en cintura a Japón para que le sirviera unos cuantos años más de títere, atentando contra su industria nuclear como acicate irrechazable. Siguió luego con unas maniobras navales en la islas de Senkaku, territorio en disputa entre China y Japón, que fueron bombardeadas por la armada conjunta ante los atónitos ojos del régimen comunista chino, que mandó parte de su flota a esas aguas territoriales. Y ahora, la Armada de los EEUU acaba de realizar otras maniobras conjuntas con su aliado, el régimen amigo de Corea de Sur, frente a las costas de su homónimo del Norte, con bombarderos B-52 dotados con cabezas nucleares sobrevolando la península coreana como parte de los ejercicios. El régimen de Piongyang señaló que esas maniobras podían convertirse en un ataque en toda regla a su territorio con cualquier excusa: qué sé yo, un error como el de los cazas turcos derribados en territorio sirio. Así que el joven y amado líder supremo, Kim Jong Il, ha trasladado misiles de crucero a sus fronteras, amenazando Seúl y la base norteamericana de Guam, en el Pacífico. Ello ha provocado la alarma de los maniobrantes, que se han sentido amenazados. Increíble: Juegan a la guerra armados hasta los dientes en las fronteras de un país y se asustan porque ese país los tome en serio.

La desvergonzada sobre-reacción de los medios sionistas no se ha hecho esperar. Para estos, el país que provoca la crisis es Corea del Norte. Y como la chusma no circuncisa, la gentil, tiene menos cabeza que un palillo chino y tan poco interés por la política como la Porsche por los pobres, todo les funciona: los norteamericanos corren a comprar raciones de comida enlatada por si un misil norcoreano, dotado de no se sabe qué milagroso combustible alienígena, les alcanza a más de 10.000 kilómetros de distancia (11.050 entre Piongyang y Washington, nada menos).

Nadie lo dude: La amenaza de EEUU es a China, no a Corea del Norte, país que vive gracias a las ayudas que recibe por sus fronteras china y rusa, una vez arruinado por el bloqueo internacional sionista, siempre ansioso de derribar los regímenes del Eje del Mal. Precisamente, el Eje del Mal es el conjunto de países cuyos bancos centrales son independientes, no están controlados o no son propiedad de la Casa de Rothschild (otros fueron Serbia, Irak o Libia; aún lo son Siria, Corea e Irán; esperemos que siempre lo sean Rusia y China).

Lo mismo que Rothschild espera su oportunidad de hacerse con el PBOC, Banco Popular Chino, aunque sea a base de bombas de hidrógeno de los primos norteamericanos, la amenazada China también aguanta con paciencia oriental a que llegue su oportunidad. Precisamente ahora, a causa de su oposición en el Consejo de Seguridad de la ONU a la invasión de la OTAN a Siria, está sometida a un nuevo atentado terrorista de EEUU-Sión: una nueva cepa del peligrosísimo virus de gripe aviaria H7N9 ha invadido la provincia de Guangdong y lleva ya contagiadas a tres docenas de personas. Si se secuencia el ADN, se comprobará algún día que la cepa procede, evidentemente, de los laboratorios de guerra bacteriológica del ejército, en Fort Detrick (como el ántrax de 2001) o del de Los Álamos, propiedad de Donald Rumsfeld entre otros muchos genocidas reconocidos. El vehículo agente ha sido la CIA, como siempre. Es la segunda vez que EEUU infecta a China. La anterior fue en 2002, cuando ésta se opuso en la ONU a la invasión de Irak por los EEUU, supuestamente porque Saddam Hussein tenía armas bacteriológicas. Luego resultó que no las tenía, pero los norteamericanos sí que usaron el SARS contra China, también en Guangdong, pegado a Hong Kong, para que dejara de tocar los cojones con su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Como digo, todo digno de un mediocre capítulo de la enésima temporada de la comedia: «Barras y estrellas de David, los defensores de la libertad y la democracia». ¡Qué descojono, si no diera tanto asco!

ÁCRATAS

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