Fundamentos de Anarquismo (1) El Estado Social

—¿Por qué darle pábulo a los anarcocapitalistas, MESS? —me pregunta un compañero— A pesar del “anarco” del nombre, no son anarquistas, sino extremistas neoliberales. Tú lo sabes.

—Porque son perseguidos y denostados por todo dios, como nosotros —le respondo—. ¿Sabes la causa? Coinciden con nosotros (acratas.net), y lo expresan, en que lo que agosta al planeta es el nefando negocio de la Banca, su creación del dinero de la nada amparado en la deuda, su vulneración de las normas a que el derecho mercantil obliga a todas las demás empresas —al apropiarse de los depósitos a la vista de sus clientes para apostar en la timba de los mercados—, su exigencia de un coeficiente de encaje bancario del 100%, su denuncia de los excesos de las monedas fiduciarias, su adhesión al oro como moneda de curso legal. Se han atrevido a tocar el negocio de Rothschild y sus chicos de la FED, de JPMorgan, de Goldman Sachs, etc., y han caído en desgracia y aparecen como payasos en los medios. La Escuela Austriaca ha sido impostada por la Escuela de Chicago, nada anarquista. Por eso les doy pábulo.

Todos sabemos que durante 75 años, el Primero y el Segundo mundo —capitalista y comunista— estuvieron enfrentado a muerte. Como curiosidad, diremos que uno y otro prometían como meta la anarquía. El anarcocapitalismo, que es en realidad la única ideología que sustenta el liberalismo, es la manera de llegar a la anarquía desde el sistema capitalista. También el Socialismo real prometía la anarquía tras el período transitorio de dictadura del proletariado. Parece ser que todo sistema político-económico sabe que los seres humanos, tengan la ideología que tengan, llevan un anarquista dentro. Anarcocapitalistas y comunistas libertarios estamos en los extremos del espectro ideológico, pero muy próximos en realidad en algunos aspectos. Lo que nos hace sospechar que quizás el espectro ideológico no es lineal y finito, sino circular e ilimitado.

Si capitalistas y comunistas coincidimos en la meta final —la anarquía—, ¿qué nos separa entonces? No nos enfrenta el propio concepto funcional de anarquía, pues ésta se definirá a sí misma por sus medios, en ausencia de coacción. Lo que nos enfrenta es el procedimiento para llegar a la anarquía a partir de la situación actual. Y estamos separados porque quizás sospechamos que jamás lograremos alcanzar nuestra meta. Así que los ácratas no vamos a tolerar que el mundo sea anárquico para los ricos y esclavista para los pobres, que es lo que sucedería si se tiende a la anarquía desde el sistema oligopolístico de las multinacionales y los bancos de negocios, con alto grado de educación para los ricos, dotados de ejércitos privados, imponiendo sus condiciones a las masas de pobretones ineducadas y desprotegidas.

Los anarcocapitalistas tienden a la simplificación, y consideran que socialista es todo régimen que agrede a la libertad de la función empresarial. Ellos creen que agresiones son los impuestos y las leyes coactivas sistemáticas —bajo amenaza de violencia física—, al tiempo que consideran al empresario como un ser inocentemente egoísta que nunca se equivoca; y si lo hace, es a causa de que ha recibido falsas informaciones generadas por los agentes estatalistas distorsionadores del mercado. Socialista es todo régimen que coacciona de manera sistemática, organizada y previsible, repetitiva. Simple, pero en claro: Obama y la UE son socialistas. Merkel es socialista.

El anarcocapitalismo tiene ideas curiosas: el empresario tiene como función, estimulado por la visión de un futuro beneficio, descubrir oportunidades de negocio, que son desajustes entre necesidades y recursos. Así que todos los intervinientes en el mercado aprenden a disciplinar sus comportamientos en función de las necesidades ajenas. Pero —¡oh, sorpresa!— si la organización social evitara los desajustes, la función empresarial carecería de sentido. Lo que sucede es que es improbable que eso suceda a causa del Teorema de la Imposibilidad del Socialismo.

El Teorema de la Imposibilidad del Socialismo dice —¿en términos científicos?— que la información que recibe cualquier órgano estatal coordinador es siempre incompleta y desfasada en el tiempo, de manera que sus mandatos son erróneos y paralizantes del sentido mágico de la iniciativa privada y la intuición empresarial que no puede descubrir información al quedar oculta por la regulación estatal. El socialismo, a causa de su coacción, bloquea la creación de información que el propio órgano coordinador precisa para la eficacia de sus mandatos. De modo que estos generan caos, no orden. He aquí a la ciencia postulando que es la intuición, y no la ciencia, la que funciona. Por eso, el marxismo es, por científico, un error científico para los anarcocapitalistas.

Los anarcocapitalistas aseguran que, aunque los más preparados estuvieran en el órgano director del estado social —un consejo de sabios bondadosos generosos y expertos—, tampoco funcionaría. Ni siquiera armados de la mejor tecnología informática podrían coordinar deseos humanos y medios. Un PC es un enemigo más de la programación propia del Socialismo, puesto que Internet genera más descubrimientos de los que puede digerir el poder coordinador. El problema no se soluciona, sino que aumenta.

Lo que sí es verdad es que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. De modo que socialismo y corrupción van de la mano, puesto que, gracias a la corrupción, los negocios son posibles, las licencias se conceden y el dinero circula, bien contabilizado por los Bárcenas de turno (el PP también es socialista es ese sentido). Según los anarcocapitalistas, el Socialismo corrompe los principios morales, desprestigia la ley e invita a violarla, acabando con la justicia tradicional.

En sus razonamientos, los anarcocapitalistas ignoran aposta que la mayor parte de las iniciativas empresariales son fracasos, ridículos intentos de negocio de imbéciles sin capacidad. Eso no les importa. Están dispuestos a sacrificar incluso a los suyos. Para ellos, el mercado es un juego de saldo cero. Si uno pierde, otro gana. Aunque el mercado sea esencialmente caótico, ellos creen que el mercado es orden en estado puro. La inteligencia sometida a la conclusión anticipada produce estas paradojas.

La verdad es que el libre mercado es caótico y el mercado real debiera ser así: cada agente es minúsculo como las moléculas de un gas que, agitándose en todas direcciones a causa de la temperatura, produce sin embargo un efecto coordinado que levanta el émbolo de una máquina, que es el bienestar social. Pero el libre mercado no existe porque ciertos agentes —las corporaciones— son pesados sólidos en vez de infinitesimales moléculas, e impiden que el émbolo se levante por su pesantez o por su intencionado rozamiento entre pistón y cilindro.

Los ácratas no podemos ir de la mano de los anarcocapitalistas porque nos llevan al huerto en vez de a la anarquía. No nos queda más camino que, o bien darle la vuelta al sentido de la marcha y volver a la dictadura del proletariado, o bien saltar directamente a la anarquía desde la situación actual.

En muchas cosas coincidiremos con los anarcocapitalistas. En otras muchas, no.

Mediante una nueva constitución, el Estado debe armar de competencias a los municipios (no a las autonomías, que tienden a ser estados y deben desaparecer) —léase esto—y luego minimizarse como elemento coactivo. El núcleo de la organización política y social es la democracia directa municipal, y es votar con los pies, si hace falta.

La ley debe ser natural, clara y concisa, de modo que cualquiera pueda entenderla —léase este artículo de MHdP—, abarcarla y asumirla hasta hacerla propia. No debe prohibir nada innecesariamente: la prostitución, las drogas, el fumar o el suicidio. Nada.

La propiedad privada es quizás inevitable. Pero no pueden abandonarse bienes y esperar que no sean tomados por otros legalmente. El hombre debe reconocer sin coacción que posee la Tierra en usufructo, no en propiedad omnímoda. La libertad empresarial asumirá esa ley natural. Contra las vulneraciones, los municipios y sus asociaciones tendrán derecho a actuar en defensa de sus intereses comunitarios.

El tránsito a la anarquía es imposible sin un proceso educativo generalizado en los valores de la libertad. De todas las libertades individuales y colectivas. No dudamos en descubrir cuáles son esas libertades junto a los anarcocapitalistas de buena fe.

La banca debe respetar la propiedad privada del dinero de sus impositores y, por lo tanto, perder su capacidad de crear dinero de la nada. El coeficiente de encaje bancario debe ser —léase esto— del 100%.

El dinero debe ser el oro y la plata. Es decir, moneda con valor intrínseco. Y aportamos que debe estar representado electrónicamente con una divisa segura, infalsificable, al modo de los bitcoin.

Otras cosas son discutibles. Para eso estamos todos, para decidir democráticamente:

La Seguridad Social, en ausencia del Estado y su violencia coercitiva, podría constituirse en cooperativa mutua, dotándola de fondos para compensar el efecto de la pirámide de edades, que es un gran desfalco del Estado a sus afiliados: nadie puede perder sus derechos, pero se tenderá en un par de generaciones a la capitalización de lo libremente aportado. No debe ser obligatorio pertenecer a la mutua.

La sanidad podría depender quizás de los municipios, que se asociarían para sostener los hospitales comarcales; y hasta podría privatizarse pasando la propiedad a los ciudadanos mediante la titularidad de una parte alícuota de acciones.

En fin: soluciones hay muchas, pero camino sólo hay uno, y pasa por la dignidad, la educación y un inmenso valor por parte de todos.

Con este post, espero generar mucha, mucha, polémica.

ÁCRATAS

NOTA DE MHdP:

Hay muchos ejemplos de empresas florecientes destruidas por el socialismo. Describiré una:

Un empresario descubre la legítima insatisfacción sexual de una buena parte de los españoles. También descubre que el hambre en algunos países africanos abre la oportunidad de que buena parte de sus hembras jóvenes y de buen ver estén dispuestas a follar legítimamente,con tal de no morir de inanición. De modo que establece una solución que, satisfaciendo las necesidades de ambas partes, le da una oportunidad de beneficio. Así crea una empresa que traslada mujeres desde África a prostíbulos españoles para cubrir las frustradas necesidades sexuales descubiertas. Y gana mucho dinero. Pero viene el estado social y lo coacciona mediante un mandato que impide el tráfico de personas —trata de blancas, le llama el Código Penal— pues, en ausencia de información actualizada y dinámica, no ha sabido el órgano director estatal detectar la necesidad social y resolverla mediante un decreto que, por ejemplo, obligara a las españolas a follar más.

Conclusión: a pesar del Teorema de la Imposibilidad del Socialismo, el Socialismo existe y le jode el negocio a nuestro héroe. Éste, como tiene margen suficiente, intenta seguir con su negocio sobornando a policías y funcionarios. Finalmente, acaba en la cárcel a causa de la coacción continuada y efectiva del Socialismo que, obsesivo, impide la libre persecución de los fines individuales, generando un infierno descoordinado y antihumano.

¡Qué jodido es el Socialismo!

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