Fundamentos de Anarquismo Prólogo de Maldito Hijo de Perra

Milicianos ejecutando el saludo anarquista
En el estudio de las ciencias económicas y políticas, se hace abstracción de ciertas características del ser humano que, sin embargo, están ahí, manifiestas, evidentes y recalcitrantes como moscas cojoneras. Por eso fracasan tantas veces las proyecciones de los huecos, arrogantes sabihondos; y resultan inexplicables los efectos de sus teorías, una vez puestas a prueba en la práctica.

A fuerza de propaganda del sistema, son pocos los que ponen en duda hoy día que el motor del mundo sea el egoísmo, ni que el igualitarismo cooperativo sea otra cosa que una quimera de comunistas libertarios trasnochados. Sin embargo, el homo sapiens-sapiens es, a un tiempo, competitivo y cooperativo. Ambas características se han demostrado hasta ahora necesarias para la supervivencia de la especie.

Las funciones de los seres vivos son: nacer, sobrevivir (o sea, alimentarse y protegerse), multiplicarse y morir. Ya hablaremos de ética otro día. Lo que cuenta ahora es que el egoísmo está asociado a la función reproductora; y el cooperativismo, a la de la supervivencia. El hombre de las cavernas, como el resto de los mamíferos superiores, generalmente cooperaba para cazar, recolectar o defender el clan y competía para follar y reproducirse. El homo sapiens-sapiens no ha cambiado, porque no le ha dado tiempo a evolucionar genéticamente según las leyes de la Naturaleza. El hombre de hoy es el mismo que el de antes del Diluvio, aunque haya inventado el paraguas. Y hablo del hombre incluyendo a ambos géneros, porque ellas no van a salirse de rositas de este rapapolvo general.

Una vez visto esto, abrazar la competencia como catalizador económico, para la mera supervivencia, es un desatino. Las guerras tribales de la edad de piedra, aunque también tuvieran un componente económico, territorial, terminaban con la apropiación de las hembras del vencido. Se ve, pues, que todo acto competitivo huele a chocho como un cirio en un convento de monjas de clausura.

La causa de la vehemente adopción de la competencia en el ámbito económico moderno hay que buscarla en la compensación de otra característica de la Naturaleza: que, aunque es tan ciega como la Justicia, es profundamente caprichosa e injusta. Y nacemos unos machos alfa y otros eunucos contrahechos, unos listos y otros subnormales. Tanto el físico como la inteligencia del hombre tienen dos componentes: uno hereditario y otro educacional. Está demostrado que, a igualdad de factor hereditario, la educación (en el sentido más amplio) hace al espécimen más inteligente o más fuerte. A veces, un espécimen se vuelve más inteligente como compensación de su inferioridad genética física. Así que compite por las hembras mediante el señuelo de mejor garantizar el porvenir de las crías, gracias a su excelente situación económica. Y la mujer, que es más interesada que un sacristán, acepta el trato, aunque nunca dejará de mirar con arrobo al macho alfa cuando se lo cruce y se abrirá de patas ante él a la menor oportunidad o descuido de su marido.

Para entender lo que digo, basta con observar, por ejemplo, a Lloyd Blankfein, CEO de Goldman Sachs: feo, calvo, nada apuesto y con una polla chunga de cojones, circundidada, insensible como un palo de regaliz,… pero nadando en dinero. No sería de extrañar que Lloyd fuera malo, rencoroso y despiadado con sus semejantes. Tampoco es de extrañar que los ricos consigan alguna bellísima hembra con la que hacer copias de sí mismos. Pero están tan ocupados ganando dinero y jodiendo a los demás (compitiendo en el ámbito que no toca), que no pueden dedicarle tiempo suficiente a sus hembras. El macho alfa, generalmente ocioso y más simpático que el oso Yogui, sí puede dedicárselo a sus muchísimas féminas (una de ellas, probablemente, la propia mujer de Blankfein… pues el macho alfa es como el cuco, que deposita sus huevos en el nido del gorrión para que éste se los críe como propios).

Espero que nadie me tome por antisemita por el comentario anterior. He escogido a Blankfein porque es uno de los hombres más importantes dentro del universo de los tíos repugnantes, y no porque sea sionista, que lo es. Pero lo mismo me hubieran valido cualquier otro feo campanudo. A mí los judíos me caen muy bien. Y mejor aún las judías, sobre todo con chorizo, ñoras y una cucharadita de bicarbonato media hora después. Tengo tantos amigos de esa etnia o religión como de cualquier otra, que es ninguno porque soy un misántropo contumaz.

Volviendo al tema, la honradez intelectual debiera llevarnos a asumir la cooperación en el mundo económico y relegar la competencia al mundo lúdico. Y no me refiero a la competición diferida, la de los hooligans de un equipo de fútbol, sino la de verdad, la que lleva a conseguir parejas y procrear, ahora que la entrepierna de los pantalones anda por el medio mulso y las gónadas se mecen a su aire por fin, produciendo abundantes espermatocitos.

La evidencia obliga al reconocimiento de la verdad: el emprendedor canaliza una parte de su energía sexual hacia la competencia y el éxito económico/social porque cree que es el camino adecuado, quizás incluso el más corto, para conseguir algunas hembras con las que follar. Si se hubiera formado bien, en colegios públicos y no con los jesuitas, no competiría con sus semejantes a dentelladas como un pitbull, sino que se asociaría con ellos para conseguir los mismos fines de un modo mucho menos nefasto para el medio, para él mismo y para el resto de la humanidad. Y dedicaría su tiempo libre a cortejar a las hembras, sistema que produce mejores y más rápidos resultados que descornarse a trabajar para forrarse el riñón primero.

Muy fuerte, ¿no?. Así que voy a ser despiadado y lo diré de otra manera que cualquier psiquiatra de la Seguridad Social, con plaza fija de funcionario, corroborará: el emprendimiento y la competencia, tan loados en las escuelas de negocios, son putas desviaciones sexuales.

Por eso muchas veces el empresario llega a casa ya de noche, más cansado que el fontanero del Titanic, sin ganas de otra cosa que de dormir, dejando la cópula para los fines de semana. Como toda mujer carnalmente insatisfecha tiende al desorden y al caos lo mismo que un desfile de cojos, aparece la primera oportunidad para la anarquía: buena parte de los hijos de los grandísimos hijos de puta neoliberales son anarquistas genéticos, hijos de machos que se saludan con ambas manos entrelazadas y follan con entusiasmo, tesón y mucho tiempo por delante. Y algunas veces por detrás.

MALDITO HIJO DE PERRA

 

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