Desbandadaante el Congreso

La mayor parte de los indignados del 25-S siguen sin darse cuenta de que los manipularon desde el PODER para acudir como pardillos a «ASALTAR EL CONGRESO». Lo pongo así, con mayúsculas y entrecomillado, porque es lo que se dirá que hicieron para siempre jamás. Los medios se encargarán de consolidarlo en la Historia de España, aunque no fueran más que a manifestarse tímidamente, al estilo de lo ya acontecido el 15-M (una concentración ciudadana orquestada por los partidos de izquierda para influir en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011). Se trata de la misma clase de manipulación mediática de la Historia de España que asegura que el Rey deshizo el Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, ocultando la verdad: que lo lideró.

«Los indignados» se cabrean ahora con el mensajero que denuncia su manipulación, acratas.net. No lo perdonan por decir lo contrario que los medios fautores de la Historia de España, aunque sea evidente. ¿Qué motivación psicológica les empuja a eso? Está muy clara, aunque tampoco les va a gustar:

Los «indignados del 25-S» fueron parados o estudiantes. Personal que podía manifestarse un martes laborable. Y acudieron a Madrid esperando que todo cambiara. Tenían una muy buena intención. Pero individualmente no eran violentos. Al llegar a «la mani» comprobaron que, en realidad, no había nadie violento. Por lo cual, eso de tomar el Congreso era una boutade. Así que la manifestación se transformó en un «deja vu» del 15-M.

Pero el PODER, verdadero organizador del acto, no pretendía eso. Y grupos de policías disfrazados con capuchas y unas sospechosas banderas rojas sin símbolos ni siglas iniciaron los altercados. En los vídeos se ve que es algo falso, trucado. Los policías no pegan a los encapuchados, sólo les empujan. Gracias a esa ficción, no obstante, la represión violenta empezó de verdad. Ante la violencia policial, la manifestación se disolvió rápida y vergonzante. En pocos minutos no quedó nadie, excepto unos doscientos chicos sentados en el suelo. No había nada sólido, ninguna ideología detrás para sustentar la resistencia. Todo era etéreo transversalismo ciudadanista.

El PODER se quedó frustrado. No podía meterle mano a los derechos de los trabajadores por causa de una manifestación evidentemente pacífica. Como suele ocurrir en tales casos, la máquina mediática preparada para cubrir una operación programada no se detiene porque ésta resulte fallida. Lo mismo que pasó con la gripe A, por ejemplo. Así que, no obstante el pacifismo borreguil de los asistentes, se detuvo a veintiuna personas a las que se imputan delitos de «atentado contra una alta institución del Estado». Eso es ilegal, pues no se pueden juzgar las intenciones, sino solamente los hechos. Da igual: los medios han puesto el foco y la lupa de aumento sobre la manifestación y redoblan los ataques. Según todos los medios oficiales, que reproducen los media internacionales que tratan de propiciar los recortes capitalistas de los derechos en los países del sur, la manifestación fue importante y violenta.

¿Y los indignados? ¿Qué dicen a todo esto? Sorprendentemente para quien no conozca la naturaleza humana, se sienten bien con las mentiras que los medios cuentan de «la mani» a la que asistieron. Los indignados, por tanto, reprochan galleantes la «inacción» de los que nos negamos a asistir, olvidando que estuvimos en la manifestación por la Huelga General indefinida el 26S, mientras que ellos, en realidad, se arrodillaron ante la Policía antidisturbios con las manos en alto o protagonizaron ridículas sentadas, propias de protestas por el aumento de tasas en cualquier campus universitario. También los indignados contribuyen así, gozosos, a la falsificación de la Historia de España. Les gusta esa amañada versión mediática de los hechos porque les transmuta de perroflautas en héroes, igual que transformaron al Golpista Mayor del Reino en paladín de la democracia.

Los indignados héroes exigieron su derecho a premio mediático. «Esto hay que repetirlo»… Y volvieron al día siguiente a la segunda parte del evento. Ya no era más que eso, un encuentro de chicos y chicas con ganas de acudir a un happening botellonero. Pero los medios aprovecharon para proclamar que «los terroristas han vuelto». A los indignados les pareció bien. Si los medios hablan de ellos, aunque mientan, o precisamente porque mienten, su épica personal crece. Algunos ligaron el 25-S. Se formaron parejas de circunstancias y algo de semen corrió Manzanares abajo.

Todo apunta a que, a pesar de las falsedades que avientan los medios, los «indignados del 25-S» han logrado una cosa: dar pábulo a que se recorten derechos fundamentales. La Delegada del Gobierno de Madrid exige cambios en la Ley de Manifestación. El Fiscal General del Estado, Torres-Dulce, repudia las protestas que cuestionen el Estado y advierte de las consecuencias de utilizar el descontento social para «deslegitimar» las instituciones (no dice lo mismo de la manifestación de Barcelona, el 11-S). No pasa nada. Eso contribuye a la heroica kermesse aún más: «Yo estuve en aquel épico asalto al Congreso, que luego fue respondido por el PODER con la suspensión de nuestros derechos fundamentales, porque se cagó de miedo», contarán algún día a sus nietos.

El falsario círculo se cierra. ¡Son cosas de la Españeta!

MARTÍNEZ CARTUCHO

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