La hora de la verdad

Acusar a acratas.net de ser partidarios del “socialismo revolucionario” ―a pesar de que ni Yugoslavia, ni Libia, no digamos ya ese régimen pseudo-estalinista que es Cuba, han sido regímenes “revolucionario-socialistas”― o llamar “radicales” a quienes simplemente denuncian unos hechos y tratan de demostrar las mentiras con que sistemáticamente se engaña aquí a la gente ―de conocer la verdad, no aprobaría jamás las iniciativas criminales de sus supuestos representantes―, este tipo de acusaciones, digo, más que opiniones, suponen ataques gratuitos, fruto o consecuencia de la incapacidad para argumentar.

Yo no observo que la línea editorial de acratas.net se alíe con una facción determinada ―conocida como “anti-occidental”, ciertamente poblada de demagogos opresores de sus propios pueblos, como las ratas que constituyen la oligarquía iraní―, como así tampoco la de algunos de sus comentaristas tildados de lo mismo. Ésa es una acusación que siembra dudas injustamente. Se puede disentir, por ejemplo, cuando acratas.net señala al Sanedrín Financiero Internacional como causa principal de los actuales males, en el sentido de que algunos pensamos que el problema es mucho más complejo (señalando también y sin tapujos a anglos y alemanes como responsables directos de casi todos los fraudes y actos de barbarie, así como a chinos y árabes en otras latitudes, y a toda oligocracia en general), pero la deshonestidad de atribuirle a los demás pensamientos, ideas o posturas que en ningún caso han manifestado, dista mucho de los mínimos de rigor y nivel intelectual que deberían exigírsele a todo aquel que se anime a participar en un hilo virtual como éste.

Dicho esto, y entrando ya en materia, sin negar que lleva mucha razón quien desmitifica a ciertos jefes que están al frente de las naciones “no alineadas” (por ser, como se ha dicho, verdaderos demagogos al tiempo que opresores), hay que decir sin embargo que el beduino Gaddafi no era siquiera un “tirano” propiamente dicho. Para no precipitarnos en el juicio, deberíamos considerar en su conjunto la historia contemporánea de la región (nación) libia, las agresiones sufridas (ayer el fascismo, hoy el imperialismo anglosajón), la constitución de su sociedad (que integran muy diversas tribus), etc. De lo contrario, estaremos centrando la cuestión en una generalización sobre la naturaleza política del llamado Tercer Mundo, ignorando así las circunstancias particulares del caso.

¿Qué caso? ¿Cuál es el caso? Pues que el “tirano” Gaddafi, hasta hace poco amigo de los “líderes” europeos (incluso mecenas de sus campañas electorales, ¡que se lo digan a ese narcisista de Sarkozy!), amigo también de Israel, promotor de la Unión Africana (institución con apenas una década en vigor) había promocionado una moneda propia para el continente (el “dínar de oro”), moneda que, presumiblemente, conllevaría (más allá de la gestión ejercida por las oligarquías de turno, inconveniente, por cierto, extensivo al mundo entero) una considerable independencia económica para África.

Por supuesto ello no niega, a su vez, el enorme interés que suscitan las riquezas, las materias primas, de Libia. Allí hay gas y petróleo, así como una situación geo-estratégia idónea para las “potencias”, que van posicionándose para un futuro enfrentamiento abierto contra Rusia y China (la invasión de Siria, minada ya desde dentro, será el próximo, y hasta ahora más tenso, capítulo; parece probable que sea Irán el que levante definitivamente la espita). No obstante, la celeridad con que las fuerzas imperiales de Estados Unidos y ciertos países europeos han actuado sugiere que el ataque se ha visto determinado más por el proyecto de independencia económica que implicaba el “dínar de oro” que por la tentación del saqueo.

Entonces, considerando estas observaciones, llamar a Gaddadi “sátrapa” una vez se encuentra (cadáver ya) a los pies de los caballos, exigiría cuanto menos un tratamiento similar para todos los gobernantes (por cierto, todos ellos dictadores propiamente dichos) a los que Estados Unidos (y Europa e Israel) prestan apoyo, tanto económico como militar. No hacerlo da muestras de una falta de coherencia que deslegitima per se a quien opta por el silencio cuando se trata de condenar a regímenes como el saudí (¡una teocracia, tiranía que recuerda a los despotismos absolutistas de los siglos XVI y XVII!) o, por ejemplo, el ecuatoguineano (la élite de Guinea Ecuatorial concentra en sus manos la mayor riqueza económica del mundo en comparación con la pobreza de sus súbditos).

Deberíamos recordar, lectores de Ácratas (y corregidme si me equivoco, pues yo con mucho gusto rectifico) que jamás, jamás ha brindado Estados Unidos su apoyo en la historia contemporánea a un solo régimen de poder en el llamado mundo islámico cuya tendencia fuera “laicista”. Por el contrario, ha combatido de mil maneras (financiación terrorista, alianza militar con Israel llegado el caso, etc.), a los Nasser, Ben Bella y demás. Al tiempo ha fomentado (mediante la citada financiación) o apoyado directa y públicamente a los partidarios del “extremismo islámico”. ¿Y esto, por qué?, diréis algunos. Pues porque, por un lado, los fanáticos de Dios aplastan a su propia población (sembrando rencor y desesperación, útil instrumento en manos de todo potencial conspirador), mientras que, por otro, suponen, en la gran partida de ajedrez que es la lucha de poder en el mundo, y en concreto con vistas al futuro, la justificación deseada (de cara a la opinión pública occidental) para invadir (en aras de la “democracia” y la “seguridad internacional”) sus naciones, saqueándolas en la mejor tradición de la piratería anglosajona.

Recordemos Afganistán en los años ochenta, aquellas imágenes de los soldados rusos degollados al pie de los cañones a manos de los talibanes, a quienes financiaban los Estados Unidos (un tal Bin Laden, mercenario y señor de la guerra, se hizo famoso por entonces). Recordemos cómo se justificaba el apoyo dado a aquellos sanguinarios (objetivamente sanguinarios) muyahidines (los mismos que después caerían sobre Yugoslavia dando caza a los serbios y violando a sus mujeres): “hemos de hacer frente al imperialismo ruso, al mal absoluto, al ogro comunista” (un ogro, como enseguida se vio, a punto de derrumbarse desde dentro). Recordemos, una década antes, la campaña de demonización contra el Sha de Persia, la inicial simpatía suscitada por los revolucionarios de Dios del ayatolá Jomeini, cuya “revolución” ha acabado por destruir a la nación persa. Recordemos la palmada en la espalda a Indonesia (nación de creciente cultura integrista) en los años noventa durante el genocidio en Timor Oriental. Y así un largo etcétera. Los Estados Unidos y sus socios siempre han manifestado su apoyo hacia los regímenes totalitarios en el mal llamado “mundo árabe” (¿no suponen ahora mismo una sangrante evidencia los casos de Arabia Saudita, Qatar o la nueva Libia, donde a día de hoy, 24 de octubre del 2011, se ha implantado la “Sharia”?)

¿Acaso denunciar esta realidad histórica, refrescar la memoria, situar en primer plano los métodos y estrategias seguidas para lograr los objetivos imperiales (bombardeo indiscriminado de población civil, linchamientos, ejecuciones sin juicio previo…) significa alinearse con los supuestos “anti-occidentales”? ¿Quiénes son más anti-occidentales, por cierto, que precisamente aquellos a los que Occidente aúpa al poder? Por otra parte, ¿tienen algo que ver la Ilustración, el Derecho, o incluso (y valga la concesión) el humanismo liberal, con esta política propia de corsarios?

No sólo no tiene nada que ver esta deriva imperialista, a mayor gloria del imperio norteamericano y su oligarquía anglosajona, con la tradición humanista de la que todavía presume (atendiendo más a sus corrientes de pensamiento y si además nos olvidamos de sus nacionalismos imperiales) Europa: ¡tampoco tiene nada que ver con una mayor parte de su población, hoy mucho más sensibilizada que ayer con el destino de las naciones y razas extranjeras, así como al corriente de los sucesos que tienen lugar en el mundo, gracias al uso de las nuevas tecnologías, especialmente internet! Es por ello que la tergiversación de la realidad social libia se ha convertido en el principal instrumento del “Sistema” para doblegar conciencias y lograr la aceptación de la opinión pública a través de los medios de comunicación: primeros planos de mercenarios brincando que pretenden ser reflejo del pueblo libio (ni siquiera han conseguido reunir a un par de miles de manifestantes, cosa fácil en principio, para confundir a los espectadores), testimonios parciales, sesgados…, infundios o rumores sin confirmar tomados como noticias contrastadas, ocultación de datos y fuentes críticas con la “verdad oficial”, etc., etc., etc.

En la Guerra, la primera víctima es siempre la verdad, dijo una vez Sun Tzu. ¿Cómo, de otro modo, podría aceptarse la masacre, la sangre derramada, el primer plano de la Muerte? Y a propósito de esto, ¿qué mejor mentira que la autojustificación humanitaria? En nuestro cínico mundo actual (acaso únicamente comparable al infierno del siglo XVI) hacemos ahora la guerra por “humanitarismo”. Del mismo modo que enviamos ropa y juguetes a los niños pobres del “Tercer Mundo” (al que mientras tanto condenan a la miseria iniciativas económicas impuestas con el mayor descaro en nombre del “libre mercado”, ¡así, con esta desfachatez, llaman los norteamericanos, y haciendo coro sus monaguillos de la élite europea, a la defensa a ultranza de los intereses creados!), así, apelando a nuestra compasión, mandamos acorazados, tanques, cañones, aviones…, una lluvia de bombas a los países cuyos dirigentes (dictadores o no) se empeñan en no ceder ante nuestro concepto de la “libertad”, la “democracia”, irrisorios eufemismos que se emplean para velar el robo, el saqueo, la más desvergonzada y criminal piratería.

Después, como miembros de una raza de cobardes, como vulgares fariseos, callamos ante los más innobles actos de brutalidad y perversión, como los linchamientos, contrarios a esa devoción por el Derecho, a esa idolatría del humanitarismo, que decimos defender. ¡O bien tendemos a relativizar los crímenes arguyendo que, después de todo, “tampoco eran unos santos aquellos que…” ¿Aquellos que qué? ¿Qué se negaron a entregarnos sus países en bandeja de plata, quizá?

He de decir, por último, que denunciar los males de la civilización a la que pertenecemos no es ni mucho menos un acto propio de resentidos, “radicales” (término condenado en el diccionario de la neo-lengua) o “socialistas revolucionarios”. No implica ningún odio a “Occidente”, o a la raza aria, o a la gloria pasada que los neofascistas de todo pelaje pretenden reivindicar. ¡Es algo que hicieron, sin trabas en la lengua, los más grandes pensadores europeos posteriores a la caída del mundo grecolatino: Schopenhauer, Tolstoi, Stirner, Nietzsche, Cioran!

ΖΩΡΟΆΣΤΡΗΣ

NOTA DEL EDITOR: Te hemos publicado el artículo, ΖΩΡΟΆΣΤΡΗΣ, a pesar de que contiene un par de errores: acratas.net no exime a anglos y alemanes de responsabilidad en la crisis actual.

La banca internacional del Reino Unido pertenece a Rothschild, pues fue expoliada por su familia a causa de la manipulación de la Bolsa tras la batalla de Waterloo. La FED pertenece íntegramente al Sanedrín. El banco más importante de Alemania, el Deutsche Bank, está dirigido por el miembro del Sanedrín, Josef Ackermann, socio por cierto de Rothschild en algunos turbios asuntos que le hacen enfrentarse a 10 años de cárcel. El Deutsche Bank forma parte del accionariado de la FED. Los presidentes del FMI, BIP, BM forman parte de la banda. Banca Internacional es sinónimo de SFI.

Pero hay algo mucho más grave: la crisis ha sido provocada por el SFI, él solito, con sus irresponsables e intencionadas emisiones de dólares hasta alcanzar la cifra de 750 billones en todo el mundo, entre moneda, valores y derivados. Nada tiene que ver la banca China en esta crisis, pues China se ha limitado a tragar deuda norteamericana como patos para hacer foie grass. Es ahora cuando Namura intenta comprar Lehmann Bros ―ya ves, a buenas horas―, a cambio de una parte del chollo de la FED.

No, amigo, no nos equivocamos, desgraciadamente para el futuro del mundo.

Organizaciones como la OTAN no tienen ningún poder al margen del SFI. Hace poco, la OTAN tuvo que pedirle un crédito al SFI para pagar las nóminas. Y no hablemos ya del Gobierno Norteamericano, en quiebra técnica porque no tiene un dólar partido por la mitad, que es un lacayo absoluto del SFI, para lo que guste mandar.

En cuanto al dinar-oro, no es que fuera a proporcionar independencia económica a África, sino que hubiera hundido el imperio de la moneda fiat en el mundo, al cambiar el petrodólar por el petrogold. Hubiera sido el fin del imperio de la FED y su sustitutivo de moneda “alquilada”.

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