Crónica de una manifestación Protesta de Barcelona, 15 de octubre de 2011

Hace un rato he regresado de Barcelona, de participar en la manifestación convocada para las cinco de la tarde. Llegué a las seis a Plaza de Cataluña. Comencé a subir por el Paseo de Gracia y desde el principio, me pareció que había mucha gente entre indignada y a veces cabreada. Me dispuse a calcular cuantos seríamos. Voy viendo/observando la concurrencia: gente “normal”, casi todos currantes, de entre varios meses de edad (bebé en brazos de su padre de treinta y tantos) y señora de unos 75 años en silla de ruedas que empujaba su ―posiblemente― hijo de unos cuarenta. Pero el predominio eran gente joven y de mediana edad, muchos trabajadores de la sanidad y enseñanza. Numerosas pancartas con textos alusivos a los problemas de estos sectores en Cataluña, casi siempre “laudatorios” para los políticos, los banqueros, las instituciones económicas internacionales, etc. Cantos, música, tambores. Voy haciendo fotos con mi celular “a gas-oil” a las pancartas mas significativas.

Acelero el paso, mi intención es llegar a la cabeza de la manifestación pero no es fácil, no alcanzo a ver el principio. Ahora voy deprisa, deprisa, andando a veces por la acera izquierda del Paseo. Es una marcha un tanto atípica, pues en lugar de finalizar en la Plaza de Cataluña, hoy es el punto de partida y se marcha en el sentido de mar a montaña, es decir, subiendo por Gracia. Al llegar a la calle Aragón, (casi un km.), se marcha por esta calle en sentido de Hospitalet hacia Mataró, hasta llegar al Paseo de Sant Joan y, en éste, se baja en dirección mar. Voy ahora caminando por la acera izquierda del Paseo en sentido de la marcha, pero sigo sin ver la cabecera de la “mani”.

Observo a unos cuantos “indignados” que llevan rodando una guillotina de cartón, (no seáis malpensados). De vez en cuando dejan caer la cuchilla ―diseño del famoso doctor Guillotín―, “ejecutando” a algún ilustre preboste de las finanzas o la política internacional, eso sí, solo su efigie o foto en medio del jolgorio y risas de los cabreados ―más que indignados― ciudadanos que rodean el artefacto.

Al llegar al cruce con calle Diputación, veo en la acera contraria, estacionadas, doce o trece furgonetas de “mossos d´Esquadra”, pero sin que se vea a ninguno de los agentes, todos permanecen en el interior de los vehículos. Arrecian los gritos y pitidos al llegar a su altura, pero solo eso, no hay ni una sola acción o conato de violencia, la marcha transcurre con toda normalidad.

Son las siete menos cuarto horas cuando por fin llego a la cabecera de la marcha, muy próxima al Arco de Triunfo. Junto a éste monumento, un grupo de jóvenes, están vertiendo en el suelo unos sacos de tierra que habían preparado previamente, no sé su significado, pero parecían muy atareados con su faena “terrícola”.

Ahora ya que he recorrido casi toda la marcha, desde Plaza de Cataluña hasta Arco de Triunfo, pasando por Paseo de Gracia―Aragón―Paseo de sant Joan (unos dos kilómetros y medio aproximadamente), me dispongo a hacer el recorrido inverso, de cabeza a cola. Voy andando a contramarcha por las aceras ,y a poco de regresar al Paseo de Gracia, junto al número 57, sucursal de Banesto, llego de nuevo al final de la manifestación, unos dos kilómetros aproximadamente, contando a 1300 pasos por kilómetro. Como, a su vez, la manifestación se movía en dirección contraria, calculo que su longitud debería ser de unos 2300 metros, al menos. Cálculo realista: dos mil trescientos metros por unos treinta de anchura, dan unos sesenta y nueve mil metros cuadrados. Si ponemos dos personas en cada metro cuadrado, resultan ciento treinta y ocho mil manifestantes (sí, sí, y “manifestantas” , seamos políticamente correctos). Mañana seguramente me reiré al leer los cálculos de los “pro”, triplicando las cifras reales, y de los “contra”, dejándolas en menos de la mitad. Regreso, por la calle Diputación y Paseo de Sant Joan, hasta el Arco de Triunfo y oigo mas que escucho las proclamas de un grupo megáfono en mano.

Son las ocho de la tarde y doy por terminada mi participación.

No, no han sido un grupo de jóvenes o “jóvenas” piojosos,”anarcos” y gente de mal vivir, como le gusta proclamar a nuestra derecha o derechona bienpensante y retrógada. La edad promedio de los participantes, creo que debería rondar sobre los 35 años, y. como digo antes, la “horquilla” de edad va de entre pocos meses hasta los 80 años.

Camino hasta el “metro” de la plaza de Urquinaona hablando con otro “viejo” como yo, pero mucho mas cabreado, al menos en las formas. Conversamos durante diez minutos, sobre el significado de la manifestación, la economía, los mercados, el “sistema”, los grandes magnates de la economía financiera, los políticos “corrutos” y los limpios (no, estos no existen, al menos en España, según mi interlocutor). No reproduciré, ni siquiera delante de mi abogado, los alegatos que intercambiamos, pero los podéis pensar, porque el pensamiento, ya lo he dicho otras veces, no delinque.

A la tercera va la vencida: Si, creo que ésta es la tercera vez que participo en éste tipo de eventos, a los que tan reacio he sido siempre. La primera, el 28 de febrero de 1981, tras el pseudo-golpe de Tejero y otros. La segunda, el día que la ETA y los etarratas tenían secuestrado al concejal Miguel Angel Blanco. Y hoy.

Y hoy, ¿por qué?. Sencilla y contundente explicación: porque estoy no indignado, no, si no profundamente cabreado y hasta los cojones de los “mercados”, de los altos dignatarios indignos de las finanzas y la política tanto nacionales como internacionales, de las agencias de calificación incalificables, del “sistema” y sus sistematizadores. De un mundo perro o perro mundo donde se permite, o mejor se impone, el recorte para los de abajo, mientras los de arriba, que han provocado la crisis, el desastre y el caos, se van a casa con fastuosas cantidades de bienes y dinero. Un mundo donde ocurren cosas como las filmadas por un buen periodista, Vicente Romero, para Informe Semanal, que acabo de ver ahora. En el llamado Cuerno de Africa mueren miles de niños de hambre diariamente, sin que los que tienen medios y capacidad para ponerle remedio muevan un dedo.

Lo dicho: porque estoy hasta los cojones de todo ello y muchas más cosas. Porque quisiera ver que, como ocurre en las reacciones nucleares, cuando hay suficiente “masa crítica”, se produce la explosión y la reacción en cadena. Y ya se sabe que la masa crítica del material humano-ciudadano, que ha comenzado una reacción en cadena, se convierte en supercrítica. Apostemos por éste “supercriticismo” ciudadano que termine con éste monstruoso sistema peor que los antiguos de la esclavitud o el feudalismo. A lo mejor, o a lo peor, un buen mal día se concentra la suficiente “masa crítica o supercrítica” ciudadana y…

Pues eso. Amén.

PATALETE, 23:30 horas del 16-10-2011

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