La solución existe Y es ésta Para oprobio de Gregorio Peces-Barba y los falsificadores de la Democracia

Lo sorprendente de este estado de cosas es que la solución a tanto despropósito político existe, es evidente (cuando se conoce) y tremendamente fácil de poner en marcha. Para ello hay que seguir una receta básica: En primer lugar, saber qué es y en qué consiste la libertad política, comprender lo que es una Democracia formal; en segundo, exigir el derecho a esa libertad siempre, y no admitir para esa libertad ningún sucedáneo, componenda, o subterfugio (como el del “voto útil”, por ejemplo).

La confusión a la que, interesadamente, nos someten los partidos, con sus querellas de cortas miras, es intencionada; y dirigida a evitar que conozcamos y entendamos que la verdad existe; y que no está en venta, que es incorruptible y que es irrenunciable. Podrán los políticos con esa estrategia retrasar la libertad política, pero su advenimiento es inexorable. Porque sus falsedades, sus disimulos y sus espectáculos no pueden evitar el sentimiento ciudadano generalizado de estafa, de mentira y de corrupción; el de frustración política, el de imposibilidad de adscripción a ninguna de las facciones partidarias; el de que la política está en manos de los partidos, que viven de espaldas a la ciudadanía; el de que la opinión pública no existe, sino que se crea, se inventa en centros de análisis, diseño y elaboración de opinión; el de que los intereses partidarios han sustituido a los ideales.

Y es que, detrás de los criterios para la distribución de la riqueza que presentan las ideologías partidarias (izquierdas y derechas), que nos excitan los ánimos y nos hacen reñir entre españoles, se nos escamotea la verdad: que no gozamos de libertad política porque es imprescindible, para que ésta exista, que las reglas del juego político la permitan. Serán los vencedores de un juego político limpio los que dispongan de la oportunidad, durante un tiempo limitado, para desarrollar su modelo de justicia social. Pero la justicia social, el reparto de la riqueza en sí mismo, no es la Democracia, sino sólo una cortina de humo de (todos) los partidos para que los ciudadanos nunca la imaginemos, la entendamos y podamos exigirla.

La noción clave para que todo ciudadano alcance la libertad política es que conozca y comprenda qué es la Democracia. Existen diferentes formas de juego político. Pero para que el juego político sea una Democracia tiene que cumplir ciertos requisitos formales, o es otra cosa. Para entender el significado de la Democracia, hay que separar el concepto de derechos y libertades de lo que es el mecanismo que permite que la propia Democracia exista. Puede haber libertades y no haber democracia, aunque no al revés. El juego político (limpio) democrático se basa en: 1º. Todos los ciudadanos pueden participar en el juego político en condiciones de igualdad. 2º. El juego se desarrolla en el campo de la sociedad política. 3º. Las decisiones se toman por votación de mayorías y minorías. Y las reglas del juego son: La representación de la Sociedad y la separación e independencia de los Poderes en el Estado.

Todos entendemos que una Dictadura elimina la competencia por el poder, o sea, la libertad política. Pero es más difícil entender en qué falla esta pseudodemocracia española que es la monarquía partitocrática, venida de la mano de la Transición: por miedo a la libertad política, se redujo el juego a una competición entre partidos políticamente correctos (contra el presupuesto 1º); los partidos fueron integrados en el Estado, que los financia (contra el 2º) y las decisiones se tomaron en un consenso (contra el 3º). Por miedo al control de los electores, se adoptó el sistema proporcional de listas. Y por miedo al control de la corrupción, no se separaron e independizaron los poderes del Estado.

La representación del ciudadano en política no es la mera adscripción de ese ciudadano a una ideología de partido. La representación política de la sociedad debe seguir las reglas de cualquier otra representación social o particular: el representante recibe un mandato imperativo del representado, quien, en caso de incumplimiento, puede cesar al representante. Eso, que es evidente si se manda a alguien a realizar cualquier gestión en tu nombre, no lo es en política, si no suceden dos cosas: que se conoce quién es tu representante político concreto (que te debe su cargo, porque le has elegido a él y le pagas con tus impuestos); y que los electores pueden cesarlo cuando lo consideren oportuno, no en las siguientes elecciones, cada cuatro años. El único modo de saber cuál es tu representante político, que sea el de la mayoría de los electores y de poder cesarlo cuando los electores quieran, es su elección en circunscripción unipersonal, a doble vuelta y creando una Comisión de Seguimiento del Diputado. Esto cumple los 3 supuestos y la primera regla.

Según quién sea y el momento en el que se separen los Poderes del Estado, el resultado cambia: Si los separa un solo hombre cuando le viene en gana es una Dictadura; si los separa el Parlamento tras las elecciones legislativas, una Oligarquía de Partidos; si los separa el ciudadano, desde el momento del voto, una Democracia. En efecto, la independencia de Poderes del Estado no se cumple sólo cuando, simplemente, hay tres poderes diferentes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial (también el Estado Franquista los tenía); se cumple cuando cada ciudadano delega su derecho inalienable a legislar y ejecutar directamente las leyes en esos tres poderes de forma separada, independiente, es decir, en elecciones diferentes. Una para el Ejecutivo, otra para el Legislativo y otra para el Judicial. Para que cumpla las tres condiciones y las dos reglas, la elección del Presidente responsable de la formación y control del Poder Ejecutivo se elige en circunscripción única estatal por todos los ciudadanos del Estado en igualdad de voto y a dos vueltas (así, ese Presidente tendrá la máxima representatividad de la sociedad). En una Democracia, es el ciudadano el que separa los poderes del estado, no el Estado mismo, ni el Parlamento, ni los partidos. La sustitución actual de este mecanismo por la elección del Presidente por el Legislativo es una corrupción del sistema político que conlleva, indefectiblemente, la corrupción de los representantes de la ciudadanía.

Lo descrito es el fundamento de la República Constitucional, que es el equivalente sistémico de la Democracia. Pero queda la parte mas ardua : ¿Cómo conseguir que a la ciudadanía se le reconozcan sus derechos políticos? No se debe confiar en que nadie nos regale nada. La partitocracia nos fue otorgada y ha resultado ser una estafa. En 1978 muchos españoles, que optaban por la “ruptura democrática”, fueron engañados por los incipientes partidos de izquierdas y derechas que pactaron la Transición de la Dictadura a la Monarquía Autonómista y Parlamentaria. Polybio diagnosticó la salida de las transiciones: las dictaduras degeneran en oligarquías, y éstas, en democracias.

El único modo de que esta oligarquía pase a ser una Democracia es exigirla. Sólo hay dos maneras: la pasiva y la activa. La pasiva se consigue mediante el rechazo de todo engaño, y la exigencia de que el juego político cumpla las reglas de la Democracia. Si no las cumple, no es Democracia, y así debe denunciarse, y no participar en el juego político, porque no merece la pena hacerlo en un juego trucado. En primer lugar, porque alimentamos el juego fraudulento y retrasamos su mutación en una verdadera democracia; en segundo, porque seremos estafados sin ningún género de dudas, y será un fraude del que seremos responsables.

La vía activa no implica violencia, sino participación en la transformación: organizando la resistencia ciudadana, la rebelión cívica, expandiendo las ideas y formando foros y grupos de opinión que obliguen a que los medios se ocupen de esos movimientos nacientes. El creciente número de programas de televisión y artículos en diarios y revistas desde que el MCRC (y sólo es un movimiento entre muchos) está en marcha, así lo demuestra. No estamos solos. Existe una porción de la sociedad mucho más amplia de lo que cabría pensar —denominada tercio laocrático— que siempre piensa por sí misma, no sigue consignas y es capaz, mediante su potencia, de arrastrar al tercio amorfo tras él. El otro tercio es puramente oportunista, y asume lo que sea con tal de seguir medrando.

MESS
Publicado el 19 de marzo de 2007

Gregorio Peces-Barba nos critica

El actual rector de la Universidad Carlos III ha agredido, sin nombrarla, a la web acratas.net desde su tribuna en El País, ACOTACIONES INGENUAS A LA REALIDAD.

“Nuestra democracia ha sido acusada, vapuleada, desprestigiada, mal interpretada y menospreciada por personajes que no fueron protagonistas y que hablan de la necesidad de una segunda transición, calificando a nuestro sistema como una continuación por otros medios y enmascaramientos del franquismo.” –empieza y dice lo que hay.

Y luego, vomita la primera falsedad:

«No son acusaciones inocentes, son falsas y temerarias, de personajes ambiciosos con afán de protagonismo…»

Mentira. Somos personajes anónimos, sin trayectoria política ni pasada ni presente ni futura. Por tanto, no ambiciosos por definición de ambición personal. Nos limitamos a analizar y denunciar la Verdad.

Sigue luego con una frase que descarta que se refiera a Trevijano y su MCRC (¡y no sé cómo se atreve a olvidarlo!):

«…con una buena formación, que hubieran querido estar entonces y no estuvieron o porque estaban formándose en Europa o Estados Unidos o simplemente porque eran solo adolescentes en 1977 que empezaban a vivir y pensar»

Esos somos nosotros, en efecto, aunque no éramos tan adolescentes y nos formáramos en España, sin más medios que los codos para estudiar. Pero el señor Peces-Barba «olvida» en su perorata en El País, que dirige otro desmemoriado, Juan Luis Cebrián, que Trevijano estuvo allí y fue encarcelado por Fraga para que Peces-Barba pudiera, junto con otros, transaccionar con la dictadura la prolongación del franquismo, en vez de protagonizar la ruptura, y cambiar el régimen de verdad. Nosotros no lo olvidamos.

Nos acusa luego de “darle mal rollo”:

«Crean mal ambiente y son objetivamente muy injustos para los que peleamos a pecho descubierto contra el franquismo, sufriendo su represión durante muchos años (detenciones, cárceles, confinamientos, expulsiones de la Universidad, despidos del trabajo, multas con cárcel sustitutoria, suspensiones del ejercicio profesional, etcétera). «

Los padres de la Constitución de 1978, los responsables del pestilente contubernio, no pueden atribuirse ninguno de esos méritos que sí tuvieron otros, que se quedaron fuera de la Transacción: el mismo Trevijano, y cientos de comunistas. Pero, sobre todo, es injustificable no incluir para gestar la Transición (y por eso no fue tal, sino transacción) al catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Salamanca, don Enrique Tierno Galván, depurado por el franquismo y expulsado de su cátedra en agosto de 1965, y creador de la Junta Democrática de España, uno de los actores del cambio de régimen.

Gregorio Peces Barba es uno de los siete padres de la Constitución de 1978. Los otros seis son de su misma laya:

—UCD, [el partido creado por el falangista y nada menos que Secretario General del Movimiento, Adolfo Suárez], Gabriel Cisneros, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (autor de la Constitución de Guinea, del tirano Macías), y José Pedro Pérez Llorca.

—Alianza Popular, Manuel Fraga Iribarne, Ministro del Interior de Franco, represor de la huelga minera de Asturias de 1963, en la que se hizo famoso por rapar al cero a las mujeres huelguistas.

—PSOE, Gregorio Peces-Barba [que jamás pisó la cárcel ni fue reprimido por el régimen, por pertenecer al PSOE, un partido protegido por la Policía y por el Régimen].

—PCE, Jordi Solé Tura, comunista y, por ello, no demócrata.

—CiU, derecha nacionalista protegida por Franco, Miguel Roca Junyent, cuyo objetivo no era la mejora de España, sino la de su cuatribarrado terruño.

Los nacionalistas vascos se quedaron sin representación. Por lo tanto, la Constitución la parieron tres falangistas, un nacional-católico, un nacionalista cristiano, un comunista (anti-demócrata, por lo tanto) y el señor que nos acusa, Peces-Barba, «nuevo socialista» [¡¡afiliado en 1972!!] del PSOE, ese partido artificial que nada tiene que ver con el PSOE de la Guerra Civil, como se patentizó en Suresnes, en octubre de 1974, con el «golpe de mano de los falangistas sevillanos» y la renuncia del partido al marxismo.

Con Gregorio Peces-Barba no nos vamos a meter. Ya se meten otros, que dicen que dijo: “Cuanto más se les consiente a los católicos, peor responden. Sólo entienden el palo”. A nosotros, eso nos da igual. En lugar de creer en Dios, preferimos creer en los derechos humanos individuales y colectivos. Su trayectoria, sin ser heroica, como él trata de sugerir en su artículo, para sí la quisieran la mayor parte de sus compañeros de partido, advenedizos sin moral y sin más cultura que la del dinero fácil.

Ahora bien: que Peces-Barba no reconozca el hedor del franquismo en el régimen actual —con un Rey impuesto por Franco; con una democracia de partidos propugnada por un Secretario General del Movimiento, Adolfo Suárez, con el contubernio de Fraga-Iribarne y redactada por Herrero de Miñón, sin independencia de poderes del estado, con partidos sin democracia interna, con votaciones en el Parlamente sujetas al mandato imperativo de los jefes de los partidos, que en más de 30 años no ha cambiado un ápice sus intenciones, que consagra el robo organizado—, y que su perorata infame contra los verdaderos demócratas [acratas.net] la haga en El País, periódico que dirige el ex-jefe de los servicios informativos de RTVE del último Gobierno de la dictadura, siendo Arias Navarro presidente… ¿No le parece un acto de desvergüenza indigno de cualquier trayectoria personal decente, aunque sólo sea humana, ya que no política?

ÁCRATAS

(Muchas gracias a nuestro buen amigo Cacatúa, por avisarnos del ataque)

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