LA HISTORIA DE CARLOS

Carlos S. M. nació en una ciudad norteña hace hoy 59 años.

Su padre luchó en el bando republicano, aunque en el 38 fue represaliado por los comunistas (que le acusaban de ser anarquista) y sufrió presidio. Antes de empezar la guerra, era dentista. Tras la victoria de los fascistas, pensó en emigrar a América, pero conoció inesperadamente a una belleza rubia con la que se casó, ya cercano a los 50. Aquel año nació Carlos S. M.

De su infancia poco recuerda, según me ha dicho, excepto las broncas continuas entre sus padres, puesto que ella se quejaba de que no tenían dinero porque él se negaba a pasar por el aro. No le gustaban los desfiles ni los discursos del eunuco, y tampoco la bandera, y no se levantaba cuando sonaba el himno nacional. Eso hacía murmurar a la portera, y ya sabe… el carácter chismoso de los españoles.

Su guapa esposa trabajaba en un taller de costura, con el fin de afrontar los gastos de la educación del chico, toda vez que estaba casada con un «rojo indeseable», según todos decían, a pesar de que me asegura Carlos S. M. que su padre acabó considerándose, más que nada, un liberal.

Como puede intuirse, a ella no le faltaban proposiciones, sobre todo del prototipo del español echado pa’lante, que gusta de galantear cuando el marido se da la espalda. Mientras el «rojo» buscaba trabajo después de verse obligado a cerrar su negocio (al que nadie acudía) ella, que siempre se resistía, acabó siendo violadada por su jefe, que pertenecía al partido. A pesar de la denuncia, el caso no llegó a mayores y aquello echó a perder definitivamente la convivencia del matrimonio.

La rubia le dejó por un fabricante de municiones, y el «rojo», endeudado hasta las cejas, vio cómo le desahuciaban. Entonces su hermano se hizo cargo del chaval (año 66), llevándoselo a una ciudad del noroeste. Mi tío -me revela Carlos S. M.- sí que era anarquista, de hecho, militaba en un grupo clandestino, y una vez hasta le puso una bomba a los grises.

Cuando el muchacho tuvo sombra de barba, entró en la universidad, donde estudió Arquitectura. No faltaba mucho para que el eunuco, apoltronado en su sofá viendo los partidos del mundial, enfermara gravemente. Antes, Carlos S. M se hizo un nombre en las aulas gracias a su independencia de carácter y su talento, al parecer, aceptado por todos.

El año en que la espichó el del bigotillo, Carlos S. M., que acababa de finalizar su proyecto fin de carrera, conoció a una chica donostiarra, rubia como su madre, pero de mayor belleza, según él reconoce. Se casó con ella a los tres años y montó un estudio. Al principio le fue muy bien, pero ya causaba rechazo la seguridad que tenía en sí mismo aquel joven, que se negaba a engrosar las filas de ningún partido político, y que se autoproclamaba «liberal».

Con apenas 32 años fue presidente del Colegio de Arquitectos. Entonces desarrolló una iniciativa con la cual esperaba romper el dogal que la casta parasitaria de los políticos hace tiempo ha echado al cuello de los profesionales del urbanismo. Se montó toda una trifulca, y mientras unos le acusaban de «fascista», otros lo tachaban de «rojo».

En la ciudad en que él vivía, gobernaban los sociatas, que en breve apoyarían la entrada en la OTAN, después de tanto despotricar. Le condenaron a muerte social, de forma que paralizaron los pagos acordados para un ambicioso proyecto (ya en marcha) y el ayuntamiento quedó debiéndole una cuantiosa cantidad de dinero. Mientras, él se la debía a la Banca. Y la Banca no tuvo piedad. Casi todas sus propiedades le fueron confiscadas al tiempo que ya nadie contrataba sus servicios en la ciudad-cortijo donde sufría las consecuencias de rebelarse contra la partitocracia.

«Voy a volar por los aires la obra», amenazó una vez al alcalde, que se encerró en su despacho. Lamentablemente, nunca lo hizo. Y me cuenta que el ayuntamiento le debe todavía esos millones, deuda que cambió su suerte y también la suerte de su matrimonio, pues ya se sabe, cuando el dinero escasea, las discusiones abundan.

Hay que decir, además, que su hermana estaba entonces casada con un peso pesado del PP regional. Este hombre solía hacer gimnasia con los nudillos en la cara de su mujer, hasta que Carlos S. M., un día, harto, estalló y le dio una paliza en la calle, a la vista de todos, mientras al agredido gruñia en el suelo, diciendo «rojo de mierda».

Le cayó pena de presidio (por eso de la separación de poderes), aunque no la cumplió tras el pago de la sanción de rigor. Ahí se le fueron sus últimos fondos. Pero el destino le concecía una última oportunidad: se celebraba un evento importante, y, por recomendación (la primera que aceptó en su vida) fue invitado. Se trataba de un programa de radio en el que se discutía el futuro urbanístico de la ciudad. Gobernaban entonces los peperos. Conscientes de la injusticia que el PSOE había consumado con Carlos S. M., el nuevo alcalde le tendió la mano. Pero resulta que los planes de la nueva oligarquía, francamente especulativos, contradecían los principios de nuestro protagonista, que primero encendió el debate y luego lo dinamitó. Se armó una buena. Al volver a casa, se escudó ante su mujer en los aplausos recibidos por parte del público y también en que lo más importante en la vida de un hombre es su integridad. Poco después su mujer hacía las maletas. Tenían dos hijos, un chico y una chica. Los chavales prefirieron vivir con la madre. Entonces el mundo se le cayó definitivamente encima a Carlos S. M.

La vida fue dura para su ex-mujer, puesto que no había trabajado regularmente, y, sin formación, se vio obligada a aceptar contratos basura (años 90) con los que salir adelante. Él, mientras, no podía pagarle la pensión a los hijos, y hasta tuvo que pedir cobijo en un albergue en cierta ocasión, antes de mudarse a casa de su hermana, ya divorciada de su verdugo.

Hoy, en los albores del siglo XXI, me habla con amargura de sus hijos. El chico (anarquista declarado) anda dando tumbos, con una carrera acabada, pero ante la incertidumbre de un oscuro futuro, aceptando trabajos de escasa remuneración, y por supuesto, temporales. Cuando alude a su hija, se le hace un nudo en la garganta. Me confiesa que más de un jefecillo de esos que abundan en el reino cocotero empezó metiéndole mano, hasta que una vez cedió, y a partir de ahí, la pendiente… Me pregunta, serio, mientras fuma lentamente su cigarro, si la explotación laboral de la mujer, la coerción, el abuso de poder, no hace en realidad unas putas de casi todas cuantas se incorporan al mercado. Me dice que en nada ha cambiado la moral española, que sigue justificando el vasallaje. En nada el orden social, igual de vertical que entonces, pero camuflado ahora en la supuesta libertad política que trajo la Transición. Entonces le regalo varios libros de Proudhon, uno de ellos ‘Pornocracia (El papel de la mujer en nuestros tiempos)’

Nos despedimos con un apretón de manos y se vuelve a su soledad. La soledad del hombre que no ha pasado por el aro.

EL LOBO ESTEPARIO

9 comentarios en “LA HISTORIA DE CARLOS

  1. Bueno, y la soledad del lobo estepario. ¿No?

  2. Me ha gustado, pero tiene un chic de amargura misógina,… eh?Vale, las mujeres somos prácticas, pero no despiadadas. Y tu frase al final: Me pregunta, serio, mientras fuma lentamente su cigarro, si la explotación laboral de la mujer, la coerción, el abuso de poder, no hace en realidad unas putas de casi todas cuantas se incorporan al mercado es tan verdad como la de que hace cabrones a todos los que se incorporan al mercado y a los que no se incorporan, como tu personaje Carlos. El sistema está podrido. Y todo el que participa de él de una manera o de otra se pudre. Mejor así,… eh?

  3. EL AGUJERO ESPAÑOL, QUE NO TIENE FONDO, LA CAÍDA DE MÁS CAJAS Y EL AUMENTO DE IMPUESTOS1.- EL AGUJEROEl agujero de la economía española nada tiene que ver con los alentadores gestos del gobierno y su calculada estrategia de llegar al 2011 con la bolsa vacía pero con opciones de ganar las elecciones. No sé si lo lograrán. De hecho a mí me da igual quien gane unas elecciones. A mí lo que me importa es que nos intenten tomar el pelo a diario. Ahora sabemos que, seguramente, el equipo económico de Salgado intentará cambiar los ratios de solvencia bancaria a fin de reducir la visibilidad de la evidencia, de la dificultad manifiesta que si se lee con detenimiento es para salir corriendo. No se si ganarán unos u otros, pero en este país cada vez más gente se va a dormir sin cenar y eso es algo chungo para pedir el voto.Si sumamos los 500.000 millones de euros de deuda acumulada por la construcción, los 40.000 que serán necesarios para evitar una morosidad inasumible en las cajas, los 200.000 necesarios para cubrir el impago de 1 millón de hipotecas cuando el paro sea crónico, cuando deba aplicarse un PIB estrechándose 120.000 millones este año, cuando un buen grupo de empresas cotizadas precisen renovar deuda por valor de 100.000 millones más, cuando se empiecen a ejecutar avales, pagos y rescates anunciados y cuando el Plan E se evidencie que ha sido un espejismo, entonces se precisará tanta deuda que no podremos hacerle frente.Europa sólo aceptará un endeudamiento del 9,9%. ¿Cómo se las ingeniarán para soportar ese peso? Sólo tendrán una opción: dejar caer algunas entidades financieras y reestructurar el sistema a continuación. ¿Cómo se cubrirá un fondo de garantía de 100.000 Euros si la deuda del Estado estará agotada y dicho fondo está preparado para cubrir eso sólo en caso de que la entidad caída sea una de las menores?2.- RESCATE DE LAS CAJASDEMOS: http://acratas.mihost.info/Prometheo/

  4. Marta lleva razón. En efecto, no hay discriminación en relación con la monta a pelo del ser humano en relación con la imposición que supone tener que trabajar obligadamente para ganarse el manduque.

  5. Yo no soy misógino, Marta. Y tampoco creo que las mujeres sean más prácticas que los hombres. Ni más despiadadas. El problema es que las personas íntegras, sean hombre o mujer, acaban quedándose solas. ¿Por qué no creo que sean más prácticas…? Basta observar a las muchísimas prostitutas que se desviven por un chulo de mierda. A las que tragan por sus hijos. Yo creo que la mujer, por naturaleza (el propio hecho de parir) es muchas veces propicia al sacrificio, y es capaz de destruirse por una abstracción (amor, por ejemplo), cosa que el hombre no hace siempre. Pero la propia dinámica social favorece que la mujer arrie bandera y se convierta en un ser utilitarista, sin la menor conciencia social (aceptar salarios más bajos por puro interés particularista).En cuanto a la explotación de las mujeres, me parece un hecho evidente, aunque lo fácil es decir que nunca habían gozado de tanta libertad. Eso es cierto si se refiere a las libertades cívico-políticas (entre ellas la de votar) pero no impide que nunca antes haya habido tantas mujeres A LA VENTA en el mercado del mundo. La caída del muro, sin ir más lejos, ha supuesto que millones de chicas del este hayan venido aquí a poner sus cuerpos, mientras una serie de verdaderos misóginos ponían / ponen el dinero. En los medios, se relativiza la brutal explotación de la mujer que supone la prostitución, así como muchas consecuencias de la llamada liberación sexual. Basta pasearse por internet para sentir náuseas: hoy mismo, buscando TINI ZABUTYKH PREDKIEV DVDRIP (película rusa de los 60, sobre una historia de amor imposible) entré en una página que en vez de lo prometido, me ofrecía strippers virtuales, que se contoneaban por las esquinas de la pantalla, a la vez que, en el centro, una chiquilla, con cara de sumisa complaciente, llevaba a cabo una felación. Y me obligas a ser gráfico, pero, al tiempo, una especie de espuma blanca (digital) salpicaba su rostro, repetidas veces. Hay que tener el valor y la honestidad de decir que el capitalismo ha comercializado el cuerpo de la mujer y la ha convertido en un objeto sexual, prostituyendo la belleza.Y otro día hablamos del machismo a la española, el cállate que tú de esto no sabes, el pon la mesa, mientras yo me rasco los huevos, etc., etc.Salud y acracia.El lobo estepario

  6. Bueno con este último punto de vista que expones estamos mas de acuerdo. Claro que este eres Lobo y el otro era tu personaje-amigo, ¿no?

  7. Yo soy un lobito nacido en los 80, así que no sufrí los golpes de Carlos S. M.El lobo estepario

  8. Pobrecito Caaaarrrloooosss… pero qué pena tan graaaandeee… otro vago más en nuestras calles… pero eso sí, el tabaco no se lo deja, no…. Jooooderrr.. cuánto tiempo tienen algunos.. jajajejaa..

  9. analiza el simbolo de la anarquia, es un globo con una piramide y su cuspide muy parecida a la que vemos en el dolar.

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