EL EREMITA Y LOS HONORABLES

Algunos Eximios de la Gobernabilidad, rodeados de alabadores y de una tropilla de curiosos, se llegaron a la caverna de Demófilos.

—Avisados de que heretizas acerca de urnas separadas para sufragio de gobernantes y legisladores, instamos tu retractación —amonestó un Gran Reflexivo de voz atiplada—. Aclárate, Eremita: los diputados son lumbreras que invisten Presidentes desde las altas intuiciones sobre lo Conveniente para la Gobernación del Reino Autonómico. Ese quehacer rebasa las aptitudes del Pueblo, ignaro en Alegórica y Semiología.

Empero, Demófilos Inadicto se ratificó en ademán de arenga:

—No como tesis, sino como Ley Irrefutable enuncio que tal proceder entraña la extinción del Estado; y sostengo que de la equívoca urna única se sigue la secesión inexorable de Autonomías en Estaduchos, donde medrarán oligarcas y mandatarios como gusanos en camposanto.

Agitáronse las Dignidades con fragor de roces de sedas y popelinas, viéronse mohines y oyose algún “Ooooh” desazonado, mientras el Pueblo atendía a Demofilos Perorante.

—Vuestros gobernantes, hez de parásitos despóticos y corruptos, acaban siempre arrancados del poder como se extirpan las garrapatas de un can. Pero la alternancia no engendra mayorías absolutas. Así que, tras los comicios, habéis de pactar gobernabilidades —eufemismo de nefandos enjuagues— con los nacionalistas. Que al ser decisivos para alumbrar Presidencias, canjean sus votos por nuevos poderes de Estado que después, en su majada, volverán contra el otorgante.

Los cobistas aspaventaron y vocearon: “¡Quimera!”; y: “¡Absurdidad!”. Pero el Eremita desoyó a los corifeos, encaró a los Insignes y sentenció:

—La Historia testimonia cómo, en extenuante saco de trueques de jirones de Estado por Gobernaciones, habéis casi agotado el almacén: el próximo mercadeo se llamará autodeterminación; y el siguiente, federalismo, que es trasnominación de caminar de cangrejos.

Un Lamedor Tenaz gorjeó entre pucheros: “¡Anatema democrático!”. Y Demófilos habló entonces a la gente llana:

—Sabed que ese forcejeo centrífugo no es afán del Pueblo, sino codicia de gobernantes que las oligarquías azuzan para eternizarse como tapadas plutocracias. Parvulitos: Tras las secesiones, el Pueblo se despertará en angostos degolladeros, dividido e indefenso.

Y dirigiéndose a todos, acabó:

—Si el Pueblo se alza con la elección directa del Presidente, no habrá lugar a remendados pactos, origen cierto de toda corrupción. Y los secesionistas influirán sólo en su justa medida. ¿Acaso hay mejor alivio para vuestra Patria agonizante?

Los Honorados, viendo a Demófilos causa perdida, le dieron la espalda en señal de reprobación, secundados por su nube de adulones. Como el Pueblo no hiciera tal, alzaron mentones y papadas; y sobre barrocas jamugas a lomos de mulo, abandonaron el paraje.

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